martes, 28 de enero de 2014

Auschwitz, el símbolo de la barbarie nazi

El Campo de Concentración de Auschwitz es una red de campos de concentración y exterminio construidos durante la ocupación de Polonia por parte de la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial. El campo de concentración se situó en Oświęcim, una población del sur de Polonia, situada a unos 60 km al suroeste de Cracovia.

El complejo estaba formado por multitud de campos subalternos, en donde los principales serían Auschwitz I, que sería el original y que serviría como centro administrativo una vez que fueron abiertos los otros campos; Auschwitz II- Birkenau, el más conocido de todos, el campo de exterminio; y por último, Auschwitz III-Monowitz, usado como campo de trabajo esclavo para la empresa IG Farben. 
 
Durante el primer año de la existencia del campo, las SS y la policía desalojaron una zona de aproximadamente 40 kilómetros cuadrados, reservados para el uso exclusivo del campamento construido y de los que se iban a construir en los siguientes meses.
Auschwitz I. El campo base
Auschwitz I fue el primer campamento establecido y se convirtió en el centro administrativo de todo el complejo posterior. Su construcción se inició a comienzos de 1940, en un antiguo cuartel de artillería abandonado por el ejército polaco, el cual se encontraba ubicado en un suburbio de la ciudad. Auschwitz I fue inaugurado el 20 de mayo de ese año.
 
Auschwitz fue construido con varios objetivos fundamentales. El primero, era para encarcelar a los enemigos del Reich, durante un periodo indefinido de tiempo. Un segundo objetivo sería para tener numerosa mano de obra, a disposición de las empresas propiedad de las SS, que más tarde serían para armamento y producción de guerra. El tercer objetivo fundamental sería para eliminar físicamente a pequeños grupos, fundamental para la seguridad de Alemania.

Este primer campo estaba formado por 28 bloques de edificios, y al igual que sucedía en muchos campos de concentración, tenía una cámara de gas y un crematorio. Esa cámara de gas, improvisada por su construcción más tardía a los bloques, se encontraría en el sótano del bloque de la prisión, el famoso Bloque 11 de Auschwitz. Posteriormente se construiría otra cámara de gas en un edificio independiente. Ese Bloque 11 sería el lugar donde se aplicaban los castigos. Algunos de esos castigos consistían en encerrar a los presos por varios días en unas celdas que eran demasiado pequeñas como para sentarse. Existen cuatro celdas de un metro cuadrado las cuales llegaban a ser ocupadas hasta por cinco prisioneros al tiempo. Otros presos eran ejecutados, bien colgados o bien dejándoles morir de hambre.

Dentro del campo, los médicos de las SS llevaron a cabo experimentos médicos en el hospital, situado en el Bloque 10. Esas investigaciones tuvieron lugar desde en bebes hasta en gemelos, realizando también esterilizaciones forzosas, castraciones y experimentos de hipotermia en adultos. El médico más conocido fue el tristemente célebre doctor Josef Mengele, más conocido como Doctor Muerte.

Entre el Bloque 10, el de los experimentos médicos, y el 11, el Crematorio, se encontraría el Muro Negro, el lugar donde los guardias de las SS ejecutarían a centenares de prisioneros del campo.

Los primeros prisioneros del campo fueron 30 presos comunes alemanes que habían sido trasladados desde el campo de Sachsenhausen en mayo de 1940. El primer transporte de esclavos fue de 728 prisioneros polacos, incluidos 20 judíos, que llegaron a Auschwitz el 14 de junio, procedentes de la prisión de Tarnów. Inicialmente el campo acogería a miembros de la resistencia e intelectuales polacos, aunque más adelante llegarían prisioneros de guerra soviéticos, prisioneros comunes alemanes y homosexuales. El campo albergó una cifra en torno a los 15.000 presos al tiempo, alcanzando un máximo de 20.000 en el año 1942. Las durísimas condiciones de trabajo del campo, unidas a la desnutrición y poca higiene, hacían que la tasa de mortalidad entre los prisioneros fuera muy grande.

En la entrada de Auschwitz I obligaron a los presos a colocar una inscripción con las palabras que también se podían observar en otros campos, Arbeit macht frei (el trabajo te hace libre). En un acto de rebeldía, el preso encargado de poner dicho lema se encargó de colocar la B a la inversa de la posición que debía tener.
En septiembre de 1941, las SS realizaron en el Bloque 11 las primeras pruebas con Zyklon B, para el asesinato masivo de prisioneros. Murieron en aquella primera prueba unos 850 prisioneros polacos y rusos. Las pruebas fueron exitosas, y por ello mandaron construir la citada cámara de gas y el crematorio en el Bloque 11. La cámara sería utilizada en 1941 y 1942, para pasar a ser convertida posteriormente en un refugio antiaéreo.
Auschwitz II-Birkenau. El campo de exterminio
La construcción del segundo complejo de Auschwitz, llamado Auschwitz II, se inició en las cercanías de Brezinka, a unos tres kilómetros del primer campo. La construcción se inició a finales de 1941, siendo parte de la Endlösung (Solución Final). El campo tendría una extensión aproximada de unos 2,5 por 2 kilómetros. Su extensión sería mucho mayor que la del original, siendo el mayor de todos, y comprendería 250 barracones de madera y piedra. Este campamento incluiría también un centro para el exterminio, ocupando un papel central en el plan alemán para acabar con los judíos en el territorio del III Reich. El campamento estaría dividido en varias secciones, cada una separada en campos, los cuales estaban cercados y separados por alambre de púas y alambradas electrificadas y patrulladas por los guardias de las SS.

El objetivo principal de este campo, a diferencia de lo que sucedía con el I y el III, no era tener prisioneros como fuerza de trabajo, sino para su exterminio. Para ello se construyeron el campo cuatro hornos crematorios con cámaras de gas, los crematorios del II al V. El exterminio a gran escala de los prisioneros comenzó en la primavera de 1942, como resultado de la aceleración del asesinato en masa acordado en la Conferencia de Wannsee.

La mayor parte de los prisioneros que llegaban a Auschwitz lo hacían en tren, el cual se detenía en las inmediaciones. Habitualmente llegaban estos prisioneros en unas condiciones deplorables de salud, después de un viaje de varios días, viajando en unos vagones sobrecargados de gente en donde tampoco se les facilitaba ni alimento ni bebida. En 1944 las vías del tren fueron prolongadas para que el tren entrara directamente en el campo.

Al bajar del tren los prisioneros se encontrarían con la rampa. Nada más apearse del tren, serían seleccionados, bien para realizar con ellos experimentos, bien para trabajos forzados, o para ser asesinados, aunque a veces eran pasados directamente a las cámaras de gas. Si los prisioneros eran seleccionados para el exterminio, estos eran enviados a los crematorios, que se encontraban en los extremos del campo. 
 
Para evitar el pánico de los presos, se les informaba que recibirían una ducha y un tratamiento desinfectante. Se les ordenaba que se desnudasen y dejasen sus pertenencias en el vestidor, de donde las recuperarían al final del tratamiento. 
 
Una vez que se había sellado la entrada, por unas aperturas del techo se lanzaba Zyklon B, un letal gas tóxico que había sido introducido en los campos de concentración como medio para el asesinato en masa en la segunda mitad del año 1941. Una vez arrojado el gas letal se esperaba unos 25 minutos, se observaba por una mirilla que no hubiera actividad, se evacuaba y ventilaba el recinto, y los cuerpos se retiraban a un sector para una revisión final.

Esa revisión consistía en extraerles los dientes postizos de oro, anillos y pendientes u otros objetos, además de revisar todos los orificios corporales buscando joyas. Una vez que esos cuerpos habían sido revisados, los Sonderkommandos llevaban los cuerpos a una sala de hornos, donde estos serían quemados. Esas salas contarían con una alta chimenea, por donde se expulsarían los gases.

Los cuatro grandes edificios crematorios de Auschwitz II, construidos entre marzo y junio de 1943 debido a que las instalaciones anteriores habían quedado como insuficientes para el asesinato en masa, fueron destruidas a finales de noviembre de 1944, en un último intento por parte de los dirigentes nazis por ocultar a las tropas soviéticas las actividades que habían estado practicando durante los últimos años en el campo. Se estima que este campo de Auschwitz II-Birkenau, el que la mayor parte de la gente identifica como el campo de concentración de Auschwitz, llegó a albergar hasta un máximo de 100.000 prisioneros al tiempo.
 
Las unidades de Sonderkommando eran conscientes, conforme se acercaba el Ejército Soviético que, como testigos y cómplices de las matanzas, ellos podrían ser asesinados para tratar de ocultar los crímenes nazis. Fue por ello por lo que el 7 de octubre de 1944, y aún conscientes de que podría significar su muerte, las unidades de Sonderkommando atacaron a las SS con piedras, hachas, y cualquier objeto que encontrasen en su camino. La revuelta duró lo que las SS tardaron en hacerse con un número de armas suficientes para controlar a los prisioneros en el Crematorio IV. La rebelión acabó al caer la noche. Todos los Sonderkommando fueron asesinados tras la revuelta, y los centenares de presos que habían logrado escapar, rápidamente fueron capturados y asesinados. El Crematorio IV fue destruido en la rebelión.
Auschwitz III-Monowitz
Auschwitz III, también llamado Monowitz, fue abierto en octubre de 1942. Este nuevo complejo fue abierto como una fábrica por la empresa IG Farben, que se dedicaba a fabricar buna, un tipo de caucho sintético que era esencial para los esfuerzos bélicos. Iba a ser el primer campo financiado y construido por la industria privada. Este campo iba a estar situado a unos 7 kilómetros al este del campo de Auschwitz I. Esa proximidad con los otros dos campos le permitió al de Monowitz contar con una fuente de mano de obra barata y casi ilimitada, y un buen acceso a las materias primas. Inicialmente iba a ser un campo de trabajo, sin ningún tipo de vivienda en sus instalaciones.

Al principio, los trabajadores tenían que recorrer los siete kilómetros que separaban el campo base del nuevo complejo de Monowitz, pero eso suponía un esfuerzo extra a los trabajadores que estos no podían soportar, ya que debían levantarse los prisioneros a las 3 de la madrugada, llegando agotados al campo de trabajo. Por ese motivo se construyó este tercer campo, para maximizar las posibilidades de trabajo dentro de la fábrica.

A lo largo de su existencia, unos 35.000 prisioneros en total trabajaron en la planta, de los cuales 25.000 terminaron muriendo a causa de la desnutrición, enfermedades o a la carga de trabajo. Además de a los prisioneros de los campos de concentración, que constituían un tercio de los trabajadores, IG Farben empleó también a esclavos procedentes de toda Europa.

Los administradores de este tercer campo amenazaban constantemente a los presos con enviarlos a Birkenau, donde ya eran sobradamente conocidas las prácticas que realizaban, para que estos rindiesen por encima de un límite sobrehumano de producción. Aproximadamente al mes se perdía la quinta parte de los presos, trasladándolos a Birkenau. El promedio de vida para un recluso en este campo era de unos tres meses.
Campos Subalternos
Desde 1942 y hasta que fue abandonado todo el complejo a finales de 1944, las autoridades de las SS en Auschwitz establecieron gran cantidad de subcampos o campos alternos. En general estos campos, que producen o transforman los productos agrícolas, estaban administrativamente subordinados al de Auschwitz I, mientras que si estos estaban designados a la producción armamentística, lo estaban a Auschwitz III.

Los prisioneros seleccionados para realizar trabajos forzados fueron registrados y tatuados con números de identificación en el brazo izquierdo en Auschwitz I. Luego fueron asignados a trabajos forzados en el campamento principal o en el complejo en otros lugares, incluyendo los subcampos. 
 
Listado de todos los campos:
Auschwitz I (Oświęcim), Auschwitz II (Birkenau-Brzezinka), Auschwitz III (Monowitz-Monowice), Babice (Babitz), Bieruń-Beruń, Blechhammer (Blachownia Slaska), Bobrek, Brno(Brünn), Bruntal (Braunau), Budy, Chelmek (Chelmek), Chorzów (Arbeitslager Bismarckshütte), Chraznów, Czechowice, Czernica, Dziedzice, Freudenthal (Jesenik), Friedenshütte, Gliwice (Gleiwitz), Goleszów (Golleschau), Hajduki I-II, Harmeze (Harmensee), Zabrze (Hindenburg), Jawiszowice (Jawischowitz), Jaworzno, Kobiór (Kobior), Ledziny (Arbeitslager Günthergrube), Lesslau, Libiaz Maty (Janinagrube), Lagiewniki Slaskie, Prudnik (Neustadt), Pyskowice (Peiskretscham), Plawy (Plawy), Pszczyna (Pleβ), Radostowice, Rajsko, Rydultowy (Arbeitslager Charlottegrube), Sachsenhausen, Siemianowice (Laurahütte), Sosnowiec (Sosnowitz), Stara Kuznia (Althammer), Stara Wies, Swietochlowice (Arbeitslager Eintrachtshütte), Wesola (Fürstengrube), Zittau, Zywiec.

Dirección del campo
El campo de Auschwitz, al igual que los construidos anteriormente a él, estaría administrado por las SS, bajo el mando de Himmler. El primer comandante del campo sería Rudolf Höss. Posteriormente Arthur Liebehenschel y Richard Baer también sería comandantes del campo. Aproximadamente unos 7.000 miembros de personal de las SS estuvieron destinadas en total en el complejo durante la guerra. De ellos, en torno al 30% eran oficiales y suboficiales y el resto personal común. Auschwitz era considerado un desplazamiento cómodo, debido a las comodidades y abundancia de mano de obra esclava. Tal era esa comodidad que Höss llegó a vivir con su esposa y sus hijos en una villa a las afueras de los terrenos del campamento. Inicialmente al resto del personal también se les permitió llevar a sus parejas e hijos al campo, pero más adelante el propio Höss lo restringió.
 
Unos 120 miembros de las SS estaban asignados a las Cámaras de gas. Estos supervisaban los asesinatos en cada cámara, mientras la mayor parte del trabajo de eliminación de los presos corría a cargo de los Sonderkommando, quienes guiaban a las víctimas a las cámaras, saqueaban a las víctimas y cremaban sus cadáveres. Estos Sonderkommado eran alojados por separado de los otros presos, y mejoraba la calidad de su vida en comparación con el resto de presos. Muchos de estos Sonderkommando se terminaban suicidando debido a lo horrible de su trabajo, siempre y cuando no fueran asesinados antes por las SS. Casi ninguno de los alrededor de 2.000 presos que formaron parte de esas unidades no llegaron a vivir la liberación del campo. 

Por otra parte, de cada bloque se designaba a un kapo, que era una especie de supervisor de su bloque. Estos kapos recibían las mejores raciones de comida y ejercían un gran poder sobre el resto de presos.

Deportaciones a Auschwitz
Desde 1942 hasta el verano de 1944 los trenes llegaron a Auschwitz-Birkenau con gran frecuencia. La cifra de esas deportaciones pudo haber alcanzado un volumen aproximado de un millón y medio de traslados forzosos, de los cuales, más de un millón eran judíos. Casi medio millón de esos traslados, procedentes de Hungría, tuvieron lugar entre abril y julio de 1944, siendo muchos de ellos directamente enviados a las cámaras de gas nada más llegar a Auschwitz-Birkenau.
La vida en los campamentos
El día para los prisioneros comenzaba a las 4.30 de la madrugada (una hora más tarde en invierno), con el recuento del doctor Miklos Nyiszli, asistente del doctor Mengele, según relata el propio prisionero judío en sus memorias. Ese recuento duraba unas cuatro horas, y en él los presos debían formar al aire libre en filas de cinco hasta la llegada de los oficiales de las SS. Mientras esperaban a esos oficiales, los guardias se dedicaban a realizar vejaciones a los prisioneros. Los reclusos eran contados y recontados, incluyendo en el mismo a los muertos, que debían ser sostenidos de pie por otros compañeros.

Después de pasar lista, los prisioneros caminaban a su lugar de trabajo. La jornada de trabajo de los prisioneros era de doce horas diarias en verano, y de un poco menos de tiempo durante el invierno. Gran parte del trabajo se realizaba al aire libre, sin permitírseles ningún momento de descanso. Inclusive, había un preso asignado a las letrinas, para medir el tiempo que cada trabajador hacía uso de ellas. El domingo no era un día de trabajo, pero no por ello los prisioneros podían descansar, ya que estaban obligados a limpiar los cuarteles y tomar la única ducha semanal que se les permitía. También ese día era el que podían escribir a sus familias, en alemán.

A la hora de dormir, los presos eran hacinados en cada uno de los barracones del complejo. En cada uno de ellos llegaban a acumularse más de 700 personas, un número tres o cuatro veces superior al que esos barracones deberían tener como capacidad máxima. En esas camas los presos debían de dormir pegados unos a otros, unos hacia arriba y otros hacia abajo.

En cuanto a la comida, los prisioneros recibían bebida caliente por la mañana, pero no un desayuno completo. A la hora de la comida recibían una sopa aguada sin carne vegetal, y por la noche una pequeña ración de pan mohoso. La mayoría de presos procuraba guardar un poco de ese pan para la mañana siguiente. La ingesta total de calorías de un preso no excedía bajo ninguna circunstancia las 700 diarias, con la salvedad de los presos sometidos a experimentos médicos, que se encontraban mejor alimentados y vestidos.

Los diferentes tipos de prisioneros se podían distinguir por piezas triangulares de tela, llamados Winkel, cosidas en las chaquetas por debajo de su número de prisionero. Los presos políticos tenían un triángulo rojo, los testigos de Jehová tenía morado, los delincuentes verde, y así sucesivamente. La nacionalidad del reo se indica mediante una letra cosida en el Winkel. Los judíos, por su parte, tenían un triángulo amarillo. Tan sólo en Auschwitz, los prisioneros eran tatuados con su número de prisionero; los prisioneros de guerra soviéticos en el pecho, y en el brazo izquierdo para el resto de civiles.
Intentos de fuga
Un número aproximado de un millar de presos trataron de escapar de los campos de Auschwitz. De todos esos intentos de fuga, se sabe con certeza que 144 tuvieron éxito y se desconoce que fue de otros 331. Se ignora si tuvieron éxito en su intento de fuga o si murieron en el intento. El resto de intentos fueron interceptados y castigados por ello. Un castigo común para esos intentos de fuga era la muerte por inanición, o bien que las familias de los fugados fuesen internados, para disuadir a otros presos de la fuga. Otro castigo habitual, después de una fuga, era coger a varias personas al azar y asesinarlas directamente o bien dejarlas morir de hambre.

Probablemente la fuga más conocida sea la del ucraniano Bendera y los polacos Piechowski, Gustaw Jaster y Lempar, el 20 de junio de 1942. Aquel día consiguieron acceder a un almacén, y se hicieron con ropas de las SS-Totenkopfverbände, armas, y robaron un coche de personal de las SS, con el que escaparon por la puerta principal.
La liberación del campo de concentración
Todo cambiaría para los dirigentes nazis ante el inevitable avance del enemigo soviético ante las fronteras alemanas. Por ello Himmler ordenó a las SS en noviembre de 1944 que cesasen las operaciones de gaseamiento en todo el Reich y que los Crematorios del campo de Birkenau, aquellos que habían llegado a quemar 10.000 al día, fueran desmantelados, mientras que el del primer campo, fue transformado en un refugio antiaéreo. Los Sonderkommando, por su parte, recibieron la orden de eliminar cualquier evidencia de los asesinatos en masa, incluidas las fosas comunes. La práctica totalidad de los registros escritos fueron eliminados, y en las semanas anteriores a la liberación, se quemó o detonó muchos de los edificios del complejo de Auschwitz.
Himmler ordenó la evacuación de todos los campamentos en enero de 1945, ordenando a los comandantes de los campos que ni un solo preso de los campos cayese vivo en manos del enemigo. Por ese motivo, el 18 de enero de 1945 el Campo de Concentración de Auschwitz fue abandonado por las SS, llevándose consigo a los últimos 60.000 presos que se encontraban en el campo. Estos fueron evacuados a pie, trasladándolos al oeste, a otros campos de concentración. Un gran número de de ellos perecieron en la llamadas Marchas de la Muerte, un traslado de varias decenas de kilómetros a pie, en pleno invierno sin ropa de abrigo, comida o agua. Todo aquel preso que se retrasaba o se mostraba enfermo, era asesinado inmediatamente por los soldados alemanes. Sólo la tercera parte llegó con vida al campo de concentración de Bergen-Belsen (Alemania), de donde serían liberados en abril de 1945 por los británicos.
 
Pero Auschwitz no quedó totalmente abandonado. Aquellos presos que se encontraban demasiado débiles o enfermos como para caminar fueron abandonados en el campo. En total, poco más de siete mil presos iban a quedar abandonados a su suerte y sin casi alimento durante más de una semana, el tiempo que tardó la 322ª División de Infantería del Ejercito Rojo en llegar al campo, el 27 de enero, y liberarlo. Por ese motivo, la fecha del 27 de enero es reconocida como la del Día Internacional del Holocausto, en homenaje a las víctimas de la barbarie que en Auschwitz, y en otros campos, se vivió en aquellos oscuros años del siglo XX.
Los libertadores del campo se encontraron un panorama desolador, pues aparte del escasísimo número de supervivientes, encontraron unos 375.000 trajes de hombre, más del doble de prendas de mujeres, y una gran cantidad de toneladas de cabello humano.
A pesar de lo increíble, por lo espantoso, de lo que se encontró el Ejército Soviético, esta liberación recibió muy poca atención por parte de la prensa. Esta poca atención se suele atribuir al reciente descubrimiento del Campo de Concentración de Majdanek, donde se realizaban prácticas similares, a la Cumbre de Yalta de los aliados, y al interés de la Unión Soviética, con fines de propaganda, de minimizar la atención del sufrimiento judío.

Al concluir la Guerra

Nada más ser liberado, algunos edificios de Auschwitz I sirvieron como hospital para los prisioneros liberados. Los primeros meses tras la liberación, los investigadores soviéticos y polacos los dedicaron a trabajar para tratar de documentar el mayor número posible de crímenes de guerra de las SS. Hasta dos años después de concluir la guerra, alguna de las instalaciones fueron usadas por los soviéticos como un campo de prisioneros de guerra alemanes.
El primer comandante del campamento, Rudolf Höss fue perseguido y encontrado por el Cuerpo de Inteligencia Británico, que lo detuvo en una granja cerca de Flensburg, Alemania, en marzo de 1946. Höss confesó su papel en los asesinatos en masa en Auschwitz en el juicio al que fue sometido en Varsovia. Fue ordenado ejecutar, por horca, el 16 de abril de 1947. Höss no fue el único miembro del personal de Auschwitz juzgado, ya que casi la quinta parte de los cerca de 7.000 miembros que trabajaron allí fueron declarados culpables de crímenes de guerra.
Número de víctimas
El número de víctimas que se cobró Auschwitz es difícil de fijar con exactitud, ya que un gran número de pruebas fueron destruidas por las tropas de las SS antes de abandonar el campo, días antes de su liberación. A eso se añade, que muchos presos no fueron siquiera registrados en su ingreso en el campo.
La primera cifra que se barajó, acerca del número de víctimas, fue facilitada por el gobierno de la Unión Soviética, que declaró que unos cuatro millones de personas habían perdido la vida en aquel horrible lugar. Actualmente esas cifras se consideran totalmente exageradas, así como las que Höss confesó que le había confesado Eichmann en los interrogatorios de Nüremberg, en las que hablaba de unos dos millones y medio de asesinados en las cámaras, más otro medio millón por diferentes causas.

A día de hoy se estima que el número más probable de víctimas del campo oscile entre el millón y el millón y medio de víctimas, siendo la mayor parte de ellas de origen judío. Se estima que aproximadamente uno de cada seis judíos que fueron asesinados durante la guerra, perecieron en el campo de concentración polaco. Al menos 960.000 Judios fueron asesinados en Auschwitz. Otras víctimas incluyeron aproximadamente 74.000 polacos, 21.000 romaníes (gitanos) y 15.000 prisioneros de guerra soviéticos, y 10.000-15.000 miembros de otras nacionalidades (civiles soviéticos, checos, yugoslavos, franceses, alemanes y austriacos).
En cuanto a la procedencia de esas víctimas, el país más afectado fue Hungría, con casi medio millón de víctimas. Le seguiría, en ese deshonroso ranking, Polonia, con unas 300.000 víctimas. Francia, Holanda y Grecia serían los siguientes países, con cifras que varían entre los 70.000 y los 50.000 muertos.
Según el historiador Peter Hayes, aproximadamente la mitad de los supervivientes de Auschwitz en el momento en que fue abandonado, perecieron antes de que acabase el Tercer Reich. Es decir, en apenas tres meses murieron casi la mitad de los supervivientes del campo.
Algunos de los prisioneros más conocidos que pasaron por Auschwitz fueron Józef Cyrankiewicz, que sería posteriormente presidente de Polonia, Ana Frank, Primo Levi, Witold Pilecki, Olga Lengyel, Viktor Frankl, Imre Kertész o Erich Salomon.


"Si existe un Dios, tendrá que rogar mi perdón". Inscripción que hizo uno de los presos en un muro del campo de concentración.

Saludos a todos!!

martes, 5 de noviembre de 2013

El Complot de la Pólvora. Guy Fawkes

Vida de Guy Fawkes

Nació en 1570 en York, donde gran parte de los conspiradores nacieron allí. Hijo de católicos le fue dado el bautismo como buen católico. Sus padres Edward Fawkes y Edith Blake tuvieron varios hijos de los que se murieron una gran parte debido a las condiciones insalubres de la época, el poco conocimiento científico, etc… de estos hermanos se conoce el nombre de una hermana, Elisabeth, del resto de los hermanos se desconoce el nombre. Fue a la escuela de York (La escuela fue fundada por Felipe II y María Tudor en 1557, ambos reyes católicos) donde conoció a los hermanos Wright, de los que ya hablaremos más adelante porque participaron en el complot, el hecho que fuese a la escuela denota que su familia tenía cierto prestigio, porque de todos es sabido que a las escuelas solo iban los nobles y algún burgués con fortuna lo que me hace pensar que Guy Fawkes venía de una familia bien asentada. En los libros se especula si el padre tenía un cargo importante en York y que la madre venía de un linaje de comerciantes.

El padre de Fawkes descendía de los Farnley y no sabemos si trabajaba como notario o procurador de las cortes eclesiásticas, luego fue abogado del Tribunal eclesiástico del Arzobispado de York y estuvo enrolado en el ejército español, lo que heredaría su hijo. La madre de Fawkes, Edith Blake, era descendiente de mercaderes. Edward Fawkes murió en 1579, y su mujer se casó por segunda vez con un católico de Scotton. Es más que probable que Guy Fawkes fuese influido por su padrastro para adoptar sus ideas católicas.

Durante su juventud vio la represión que llevaba a cabo Isabel contra los católicos lo que incentivo más su ira contra los protestantes y que haría que años más tarde participase en el complot contra el rey e intentase atentar contra él. Además por esos años Margaret Clitherow por cobijar en su casa a una serie de católicos fue asesinada bajo el reinado de Isabel.

Años más tarde las fuentes dejan vislumbrar que probablemente Fawkes se casase con María Pulleyn, hija del tutor de Fawkes durante su niñez en el colegio. También tuvieron un hijo Thomas Fawkes.

Fawkes se enroló en el ejército español y se especializó en artillería por lo que cuando llegó la hora del complot fue él el elegido para hacer volar las bombas que iban a estallar la noche del 5 de noviembre. Fawkes tenía dos grandes motivos para meterse en el ejército de tercios españoles; el primero que era católico y mercenario por lo tanto encajaba perfectamente en el puzle de los tercios hispánicos y el segundo motivo, que es un poco más subjetivo, es que si supuestamente tenía un hijo tenía que darle de comer y no heredó ningún cargo de su padre

La Conspiración de la Pólvora

La conspiración de la noche del 5 de noviembre no fue otra cosa que la culminación de tantas y tantas conspiraciones frustradas como la de 1603, aunque esta no fue menos…

La historia nos cuenta que un grupo de católicos hartos de las explotaciones de los reyes protestantes contra ellos quiso hacer volar el Parlamento inglés el día de la apertura del Estado a cuya ceremonia acudirían el rey, su familia, la nobleza inglesa (clero, parlamentaristas). Todas las susodichas instituciones tenían en común que eran protestantes y no había mejor día que este para acabar con todos de una estocada.

La finalidad del complot era, aparte de matar a las eminencias protestantes, poner en el trono inglés a un rey católico obediente al Papa.

El complot pretendía ser la chispa que iniciase una revuelta generalizada de todos los católicos, pero circunstancias de la historia el complot fue descubierto y nada llegó a pasar. La conjura se descubrió y el gobierno uso este hecho para endurecer las medidas contra los católicos y tratar de vincular el atentado con los jesuitas y Roma. Los jesuitas no participaron activamente pero si pasivamente al igual que el Papado, no intervino pero dio su visto bueno llevar a cabo el complot.

El complot o conspiración en las fuentes nos lo mencionan de varias maneras:
- El complot del 5 de noviembre
- La noche de Guy Fawkes
- El complot de la pólvora
- El día de la salvación milagrosa del rey Jacobo I
- El día de la hoguera

En el complot no solo participaron los trece conspiradores ingleses católicos, sino también tres jesuitas, en parte también participó el Papado y España, bajo el condestable de Castilla Juan de Velasco que estaba allí en Inglaterra firmando el tratado de Londres de 1604. Con Juan de Velasco se entrevisto Fawkes enviado por Catesby.

El complot fue detenido por la guardia de palacio dirigida por el Conde de Salisbury, apresaron a Guy Fawkes, le encerraron y le torturaron para que dijese los nombres de los otros conspiradores. Fawkes dijo los nombres y al cabo del mes absolutamente todos fueron detenidos y ejecutados por traidores a la corona.

Para el complot los conspiradores alquilaron un sótano bajo el palacio de Westminster, ya que en dicho lugar había casas, y colocaron unos 30 barriles de pólvora que Guy Fawkes iba a hacer estallar el día de la apertura del estado. Fawkes fue el elegido ya que fue un soldado de fortuna, que desde hace algunos años se dedicaba al servicio de los españoles. La conspiración estaba programada para unos días antes pero no se pudo llevar a cabo porque Fawkes tuvo unos problemas de salud. Entonces se traslado el día del atentado para el día 5 de noviembre.

Un día antes, el 4 de noviembre, Salisbury dio orden al jefe de seguridad para que registrase el edificio del Parlamento. Allí encontraron a Guy Fawkes ultimando los preparativos para hacer explotar los barriles. El conde de Salisbury recibió una carta donde se le informaba del plan, la carta se ha especulado que pudo ser escrita por Cecil, un infiltrado.

Los conspiradores tras el intento fueron detenidos y torturados, como ya veremos en la repercusión.


Antecedentes

Isabel I no mostró especial predilección por los católicos romanos del lado del papa y les prohibió ir a misa y les impuso ir a los actos a asistir a los actos de la iglesia inglesa. Isabel fue excomulgada por el Papa en 1570. Probablemente Isabel se había encargado de mandar ejecutar a María Estuardo, hermanastra de Isabel I y madre de Jacobo I, para alejar la posibilidad de un golpe de Estado de los seguidores de Roma.

Cuando le sucedió Jacobo I casado con la princesa católica Ana de Dinamarca los católicos creyeron que las cosas les irían un poco mejor y restringirían las leyes anticatólicas, pero ocurrió todo lo contrario, se endurecieron y más tras el complot. obstante, las leyes se aplicaron suavemente

Los Conspiradores 

Los conspiradores eran un grupo de católicos, la mayor parte criados en York, y educados en una iglesia católica. El norte y el oeste de Inglaterra tenía en torno a un 40/45% de población fiel a la religión católica. Todos eran amigos desde pequeños y se conocían desde tal como es el caso de Guy Fawkes y los hermanos Wright. La conspiración fue tramada por cinco miembros Catesby, Percy, Winter, Wright y Fawkes a los que más tarde se fueron añadiendo el resto, hasta ser trece en total.   

Los conspiradores venían de diferentes clases sociales y tenían diversos oficios. Ahora hablaremos un poco de cada uno para conocerles más a fondo. Varios de ellos no tomaron parte activa pero proporcionaron el dinero necesario para llevar a cabo el trabajo, también ayudaron alentando a los conspiradores. Estos tres fueron Garnet, Gerrard y Tesmond los tres jesuitas

- Robert Catesby
Era natural de Leicestershire, fue un hombre de familia acomodada que tenían propiedades su elocuencia indujo a varios de los conspiradores para cumplir su cometido, que de otro modo, con toda probabilidad, no habrían estado implicados en la traición. Era descendiente de un famoso ministro de Ricardo III.
Es evidente que él era un hombre de capacidad persuasoria considerable y era un fanático de los principios de la Iglesia de Roma, era el instrumento adecuado para la ejecución de cualquier propósito. Catesby fue el artífice de la conspiración y en torno a él giran varias preguntas como por ejemplo si actuó por los propios sentimientos de afectividad hacia el papado, o por venganza contra la represión anticatólica del reinado, si fue influenciado por los tres jesuitas.

- Percy Thomas
Señor muy cercano al conde de Northumberland, por el cual fue elevado al puesto de capitán de los caballeros. Parece haber sido un hombre de gran violencia y de mal genio, y su conducta demuestra lo que ha sido un fanático acérrimo de papado. Catesby en algunas ocasiones, consideró necesario que Percy Thomas debía contener la violencia, no fuese que su indiscreción empañase todo el proyecto.
En una ocasión, se ofreció a ir corriendo delante de toda la cámara y matar al rey. Fue asesinado junto con Catesby en Holbeach poco después del descubrimiento de la conspiración.

- Thomas Winter
Parece que Thomas Winter había propuesto una salida de Inglaterra, cuando Catesby, que había ideado el Complot, le pidió ir al continente europeo, donde se había retirado, y hasta que tuviese que volver a Inglaterra.
El plan fue propuesto a Thomas, que mostraba una indisposición para no entrar en la conspiración pero más tarde, por el contrario, cumplió con la mayor prontitud todos los planes de Catesby. Poco después de encontrarse con él volvió al continente para revelar la trama a los católicos de Roma, con el fin de determinar sus opiniones sobre el tema. En muchos aspectos, parece haber sido un hombre amable, con principios férreos inculcados por la Iglesia de Roma.
Se dice que días antes del descubrimiento de la conspiración tuvo una visión donde vio las torres, donde llevarían más tarde a los conspiradores, dentro de ellas la cara de trece persona desconocidas.
Cuando fue llevado a Staffordshire recordó su sueño, y le pareció que había un parecido entre los rostros de las personas que había visto en su sueño, y los de sus compañeros. El recuerdo de los sueños parece haber hecho una fuerte impresión en él en el período en que fue puesto bajo custodia.

- Robert Winter
Hermano del anterior, y que por ende, se vio envuelta en la conspiración. Robert Winter fue añadido al grupo de conspiradores un poco después de que la conjura había comenzado.
Thomas el día del “juicio” solicitó a la corte que, como el complot había sido la causa de que su hermano quedara arruinado y “loco”, su muerte podría ser considerada como una expiación suficiente para ambos. Robert fue tomado preso en Staffordshire, donde se retiró tras el descubrimiento de la trama. Durante algún tiempo, estaba escondido en una casa, cuyo ocupante era un católico romano. La circunstancia que condujo a su descubrimiento fue un tanto singular. El cocinero se sorprendió por el número de platos, que a diario llevaba a la sala donde comía su amo, por lo tanto, para satisfacer su curiosidad, se asomó por el ojo de la cerradura, cuando vio a una persona sentada con su amo se asustó y decidió decírselo a uno de sus parientes el cual avisó a las autoridades y atraparon a Robert Winter.

- John Wright
Se involucró desde el principio en la conspiración junto con Catesby. De hecho se acordó entre estos dos individuos, que todo el que participase debía hacer un juramento de fidelidad a la causa y no desertar. John Wright fue muerto en la lucha contra el sheriff, en Staffordshire, donde la mayoría de los conspiradores fueron apresados tras el descubrimiento de la traición al rey.

- Christopher Wright
Esta persona era el hermano del anterior por el que fue inducido a entrar en la conspiración. Parece, sin embargo, que entraron en la empresa con tanto celo como cualquiera de los demás. Él fue el primero en descubrir que Fawkes había sido apresado, en la mañana del 5 de noviembre. Christopher dio un consejo y éste fue, que cada conspirador debía refugiarse por su propia cuenta y en direcciones diferentes de sus compañeros. Si este consejo hubiera sido llevado a cabo, varios de ellos, probablemente, habrían logrado escapar hacia el continente.
Los conspiradores, sin embargo, adoptaron otra opción que llevó a su derrota y arresto y posterior muerte en Staffordshire, donde también fue asesinado Christopher.

- Thomas Bates
Bates era un siervo, y el único de los conspiradores que no tenía el rango de caballero. La traición sirvió de conexión entre Bates, un siervo de Catesby, el líder de la traición. Catesby observó que su criado se daba cuenta de las acciones que quería llevar a cabo y esto le llevó a sospechar que Bates era en cierta medida, conocedor de sus proyectos, o en todo caso, que sospechaba que había algún plan en acción. En presencia de Thomas Winter Catesby le preguntó que qué pensaba de la traición. Bates respondió que él creía que era un asunto peligroso, aunque no sabía lo que planeaban de verdad. Catesby le volvió a preguntar que qué pensaba que podría ser. Bates le respondió que él intuía que pretendían hacer algo con las Casa del Parlamento, porque él había sido enviado a alquilar un sótano debajo de este lugar.
Bates fue inducido a prestar el juramento secreto, tras jurar se le explicó por completo la intención.

- Francis Tresham
Tresham también se comprometió en la trama desde un principio. No era uno de las personas aquellas con las que se originó, pero se le reveló el plan cuando los principales conspiradores estaban faltos de dinero, para que pudiesen llevar a cabo su plan. Él se ofreció a contribuir con £ 2000 para el gran objetivo. Murió en la torre antes del juicio de sus compañeros.

- Ambrosse Rookwood
Rookwood era un hombre de fortuna, y se implicó en la traición un poco tardíamente.
No fue uno de los inventores originales de la traición, pero fue un envuelto en ella por tener una buena relación con Catesby, que ejerció sobre él una influencia más que notable.

- John Grant
Era residente en Conventry, y, como Tresham y Rookwood, no trabajo en la conspiración activamente, pero se unió a la misma tras dársele a conocer. John se hizo con varios caballos para escapar si la explosión hubiese tenido éxito.
Fue trasladado con los otros conspiradores en Staffordshire donde fue ejecutado.

- Robert Keyes
Poco nos dan las fuentes de este individuo, sabemos que tenía un carácter difícil y que era muy inteligente. Era un defensor ferviente de la religión católica. Se unió al proyecto tarde y fue ejecutado junto a sus compañeros en Staffordshire.

- Digby Everad
Este caballero era descendiente de una antigua familia que vivía en Rutlandshire. Su educación fue enteramente dirigida por los sacerdotes de la Iglesia de Roma, su padre murió cuando tenía once años de edad.
Fue presentado a la corte de Isabel en los primeros tiempos de su vida, y poco después de la adhesión del rey Jacobo I fue nombrado caballero por Su Majestad. Sir Everad se metió en el complot una vez que ya esbozados todos los planes cuando los conspiradores se encontraban faltos de dinero, les dio 1500 libras, o sea no participó activamente. Fue trasladado después del descubrimiento y fue ejecutado en Londres.

Los tres jesuitas Garnet, Gerard y Tesmond.
Estos tres señores fueron implicados en la conspiración: los dos últimos escaparon a Roma, Garnet fue el único jesuita ejecutado. Los tres jesuitas fueron de vital importancia para el complot "una traición a la patria sin un jesuita, o una cuestión de principio sin los jesuitas es como una pared sin que ninguno dé cal o mortero, Gerard fue el cemento de esta pared que es la conspiración” ( John W. Parker).

Garnet recibió su primera educación en la escuela de Winchester, cuando Bilson fue director. Se dice que estuvo comprometido en una conspiración desde que eran niños, cuyo propósito era a cortar la mano derecha de su amo. Su conducta en otros aspectos parece haber sido tan inmoral. Salió de Winchester para Roma, donde se inscribió en la sociedad de los jesuitas.

Al fin se hizo el superior de los hermanos jesuitas ingleses, más tarde regresó a Inglaterra, para promover una rebelión contra la reina Isabel I. Otros individuos fueron capturados y ejecutados por traición, como consecuencia de su incorporación en la conspiración, pero las partes mencionadas en el esquema anterior, fueron las únicas personas que estaban realmente implicados en la traición a la patria aunque muy pocas personas, además de los que estaban participando efectivamente, estaban plenamente familiarizados con los detalles de la trama. La política de los conspiradores fue no revelar la naturaleza exacta de la trama, así cuanto menor sea el número de traidores menor era el riesgo de ser descubierto. También eran conscientes de que todos, o, en todo caso, la mayoría de los católicos romanos se uniría a ellos, cuando el proyectó fue cogiendo cuerpo. Los jesuitas, que estaban al tanto de la traición, dieron a entender a la gran masa de los romanistas, que un gran proyecto estaba en incubación, sin especificar detalles. La trama real, por lo tanto, se limitaba a unas pocas personas.

Consecuencias

Diez días antes, William Parker, barón de Monteagle recibió una carta anónima en la que se le advertía del peligro que corría al asistir a la ceremonia de la apertura del Estado. Fue entonces cuando el día 4 de noviembre Parlamento fue revisado, y Guy Fawkes, fue detenido.

Las consecuencias fueron extremadamente duras y represivas contra los católicos y si el golpe era para acabar con la represión contra éstos, las repercusiones fueron más duras. Se les prohibió servir como oficiales del ejército, se les privó del derecho al voto, en el ámbito de sociedad fueron marcados.

Respecto a los conspiradores fueron capturados y encarcelados hasta que llegó su juicio en el cual fueron condenados a muerte en el lugar donde iban a cometer el magnicidio o sea en la plaza del palacio de Westminster, al acto de ejecución el pueblo protestante acudió en masa como si de un evento único en la historia fuese a ocurrir.

En cuanto a los conspiradores fueron castigados a la usanza de ese momento, los colgaron del cuello sin dejarles morir, les seccionaron los genitales, echándolos al fuego ante sus propios ojos y, hallándose aún vivos, los destriparon y les arrancaron el corazón antes de decapitarlos y despedazarlos.

Colgándoles del cuello sin dejarles morir, seccionándoles los genitales, echándolos al fuego ante sus propios ojos y, hallándose aún vivos, destripándoles y arrancándoles el corazón antes de decapitarles y despedazarles. Luego se expondrían ante el público las cabezas clavadas en picas y serían arrojados los restantes trozos a los pájaros para su alimento”.


Texto original de Francisco Tello Cobos.


Saludos a todos!!

miércoles, 30 de octubre de 2013

La Guerra de los Mundos

En las vísperas del día de Halloween del año 1938, en Estados Unidos, un 30 de octubre, un por entonces jovencísimo Orson Welles (6 de mayo de 1915) realizó una de las mayores bromas en la historia de la humanidad.
"Sabemos ahora que, en los primeros años del Siglo XX, nuestro planeta estaba siendo observado muy atentamente por inteligencias superiores a las hombre, aunque también tan mortales como las nuestras".
 
El joven actor y director, Orson Welles, había adquirido cierto reconocimiento en programas de radio, especialmente por la adaptación que había hecho de Los Miserables. Fue por ello por lo que en el verano de 1938, la Columbia Broadcasting System (CBS) le ofreció realizar un programa semanal en su cadena, en el que transmitiría dramatizaciones de obras por la radio. El programa sería el Mercury Theater on de Air, en el cual inicialmente se adaptarían obras literarias bastante reconocidas. Esas obras serían adaptadas e interpretadas por él mismo y por su equipo de trabajo, encabezado por Howard Koch. Dicho programa sería radiado para todo el país.
 
Después de haber relatado en su programa clásicos como 20.000 leguas de viaje submarino o Drácula, en la noche del 30 de octubre le iba a tocar el turno al libro de Herbert George Wells, La guerra de los mundos. Aquel día la adaptación se haría mediante un show musical que sería interrumpido por boletines informativos de urgencia, los cuales otorgarían un gran realismo a la adaptación. Tal fue el grado de realismo de dicha adaptación que multitud de oyentes cayeron en el engaño, aún a pesar de que nada más comenzar el programa habían sido advertidos de que este era ficción, y fueron nuevamente advertidos en el transcurso del programa. Así comenzaba el programa:
"La CBS y sus emisoras asociadas presentan a Orson Welles y el Mercury Theatre on de Air en La Guerra de los Mundos de H.G.Wells."
 
En la emisión de La Guerra de los Mundos, el propio Welles sería quien interpretaría al profesor Pierson, el científico que se encargaría de ir explicando los sucesos, mientras que sería otro actor el que se encargaría de dar voz al peridista Carl Phillips. Los hechos que iban a tener lugar durante la representación se relatarían en forma de noticiario, interrumpiendo un programa musical y festivo.
 
Lo resultante de aquel programa fue que Welles, que en aquel momento tenía tan sólo 23, obtuvo gran popularidad con el mismo. Y esa popularidad fue recíproca entre el actor y director y aquel programa, ya que la fama de la persona hizo que la leyenda sobre aquel día de terror se agigantase con los años. También, por supuesto, mucha gente cuestiona realmente las dimensiones que alcanzó el fenómeno, alegando que este es más un mito que una realidad.

Desarrollo del programa
El concierto de Ramón Raquella que se estaba emitiendo a la hora del supuesto ataque, fue interrumpido por primera vez para informar que se estaban divisando unas extrañas luces provenientes de la superficie de Marte. La siguiente interrupción daba la información de la caída de un meteorito en el distrito de Nueva Jersey. Ante esos acontecimientos, la radio enviaba un periodista, acompañado del prestigioso astrónomo, el profesor Pierson, al lugar de los hechos. Desde el lugar donde había caído el supuesto meteorito, el enviado especial contaba lo que estaba viendo:
"Señoras y señores, esto es lo más terrorífico que nunca he presenciado... ¡Espera un minuto! Alguien está avanzando desde el fondo del hoyo. Alguien... o algo. Puedo ver escudriñando desde ese hoyo negro dos discos luminosos... ¿Son ojos? Puede que sean una cara. Puede que sea..."
 
Carl Phillips, que así se llamaba el enviado por la CBS, mendiante entrevistas a testigos, con testimonios como el de las líneas anteriores, fue contribuyendo a crear el pánico entre los oyentes. Los gritos de las primeras víctimas de los marcianos no hicieron sino aumentar ese pánico entre los que escuchaban al periodista, hasta que él mismo fue víctima de los invasores y la transmisión desde Nueva Jersey se interrumpió.
 
Al perder la conexión con Phillips, la situación ya era de caos total en Nueva Jersey. Tal era este caos, que antes del final del programa la policía ya había llegado a los estudios de la CBS. Las diferentes comisarías de la policía, al igual que sucedía con las redacciones de noticias, se encontraban saturadas por la enorme cantidad de llamadas telefónicas que hacían los oyentes, presas del pánico. Estos se encontraban aterrorizados y desesperados, e intentaban protegerse de los ficticios ataques con gas de los marcianos. Se llegó a hablar que más de un millón de personas, de los seis que escuchaban el programa, llegaron a creerse la broma radiofónica, llegando a producirse, incluso, llamadas a la policía de algunas personas que afirmaban haber visto a los invasores.

El programa duró casi una hora, siendo los primeros cuarenta los correspondientes al falso noticiario, que terminaba cuando el locutor de la CBS fallecía en la azotea de la radio, a causa de los gases y seguía con la narración en tercera persona del profesor Pierson, que describía la muerte de los invasores.

Al día siguiente, las crónicas de los periódicos hablaban del pánico que la broma de Welles había causado. Ese pánico había generado, a su vez, embotellamientos, accidentes de tráfico, avalanchas humanas, y agolpamientos frente a comisarías, hospitales e iglesias, además de suicidios, e incluso algún aborto e infarto. También saltaron las protestas, exigiendo responsabilidades y la cabeza de Orson Welles, al igual que una explicación. Por ello, el propio Orson Welles pidió perdón por la broma de Halloween, considerada una burla por los oyentes.

Esa histeria colectiva demostró el poder de los medios de comunicación de masas, provocando que los ciudadanos perdieran la inocencia respecto a los medios de comunicación. También este curioso episodio catapultó a la cima la carrera de Welles. Había nacido la leyenda de Orson Welles, cuya fama posterior no hizo sino agrandar la leyenda de 30 de octubre de 1930.

Imitadores de Welles
En febrero de 1949, en Radio Quito, una de las emisoras más prestigiosas del país, se intentó realizar una adaptación similar a la que había protagonizado Orson Welles en la década anterior. En la representación, un locutor interrumpía la retransmisión de un número musical para informar de que se habían observado objetos voladores sobre las Galápagos, que minutos más tarde, iban a llegar a la ciudad. A los pocos minutos se descubrió la verdad de esos avistamientos, lo que provocó una gran agitación popular contra el edificio de El Comercio, donde se encontraba la sede de la emisora. Esa agitación acabó causando un incendio en el edificio, que rápidamente se propagó. La policía no actuó socorriendo a los trabajadores del edificio, ya que les había sentado mal la broma. Finalmente los operarios del edificio optaron por ponerse a salvo saltando al techo del edificio contiguo. Las consecuencias fueron la muerte de cinco personas, basto de las llamas, y unos daños cuatro veces superiores a los que podía cubrir el seguro. Radio Quito no pudo volver a emitir, debido a los daños, hasta abril de 1951.

Por fortuna, no todas las adaptaciones fueron tan trágicas, como demostraron las que se realizaron en 1998, con motivo del sesenta aniversario de la hecha por Welles. Para ese sesenta aniversario, una emisora portuguesa y otra mejicana decidieron emular a Welles y transmitir una versión contemporánea de la obra. Dichas retransmisiones fueron un éxito, y ante todo, no acabaron en tragedia, como la realizada por Radio Quito.
 
 
Saludos a todos!!

martes, 29 de octubre de 2013

El Crack del 29 y sus consecuencias

En octubre de 1929 estalló en Estados Unidos una crisis económica sin precedentes, cuyos efectos se prolongaron en el tiempo durante más de una década y resultaron catastróficos para todo el planeta. La especulación ciega que llevó a la quiebra de Wall Street y la incapacidad de los gobiernos para controlar aquella crisis se encuentran en el origen de lo que, para muchos historiadores, desencadenará diez años más tarde la Segunda Guerra Mundial.

Esta crisis de 1929 abrirá el periodo conocido como la Gran Depresión que tiene lugar durante toda la siguiente década. Se inició en torno al día 24 de octubre de 1929, conocido como el Jueves Negro o el Crack de la Bolsa de Wall Street y llegó de una forma un tanto inesperada para los inversores más inexpertos. Las causas más comunes que se han dado para esa quiebra de la bolsa fueron la sobreproducción, el bajo consumo y la caída de los precios agrícolas del comercio internacional, a lo que se sumó la abundancia de obtención de créditos fáciles y de dudosa recuperación.

En aquel Jueves Negro se pusieron en venta unos trece millones de acciones que no encontraron vendedor, por lo que hizo que el valor de esas acciones cayesen en picado. La venta de acciones especulativas arrastró a todas las demás acciones y llevó a que los especuladores se arruinasen. Ese crack bursátil provocó una reacción en cadena en el sistema financiero, en donde una gran cantidad de bancos empezaron a tener problemas de solvencia y liquidez, debido a la desconfianza de los ciudadanos acerca de la capacidad de reembolsar el dinero a los depositantes. Los bancos comenzaron a quebrar y la industria se encontró con que no había capital para alimentarla. El miedo había detenido la inversión, había aumentado el paro y los precios habían caído, descendiendo con ello el consumo y hundiendo de esta forma la banca.

El gobierno de los Estados Unidos intervino ante la situación que se estaba generando, al igual que hicieron las entidades financieras, pero la situación siguió siendo inestable y la cotización de las acciones continuó perdiendo valor hasta que en el año 1932 se detuvo esta caída en picado con un ligero proceso de recuperación. La caída de la Bolsa fue el detonante que inició la Gran Depresión, que afectó a Estados Unidos durante toda la década de los años 30, y de la que solo se pudo salir al concluir la Segunda Guerra Mundial.

La subida de la Bolsa
A partir del año 1924 comenzó a producirse un alza espectacular en el valor promedio de las acciones cotizadas en bolsa. En ese año su valor oscilaba en torno a los 110 puntos, mientras que para inicios del año siguiente ya había subido el valor de estas hasta 25 puntos más. Era un aumento muy considerable, pero no llamó la atención debido a que había un clima general de euforia en aquella época. A finales de año el valor ya se situaba en 181 puntos, por lo que este se había incrementado en más de 40 puntos.

Esto generó un clima de gran confianza y propició que los especuladores intentasen hacer fortuna con ese alza y aprovechar a retirar sus inversiones justo antes de que la burbuja explotase. Sin embargo muy pocos inversores consiguieron librarse de perder todos sus ahorros, debido a que los días que la bolsa estuvo al alza parecían prolongarse casi de forma indefinida, y fue imposible por parte de los especuladores el divisar cuando se iban a acabar esos días de prosperidad.

1926 fue un año que vivió varios altibajos. Las caídas en la Bolsa fueron grandes, aunque sin embargo a finales del año esta pareció recuperar valores razonables y el año se cerró con valores similares a los del año anterior. Había sido un año que había supuesto un punto de inflexión y desde ese momento se desató la locura bursátil.

El siguiente año supuso el primero de la locura, puesto que desde las primeras fechas del año, el valor de las acciones comenzó a subir de forma progresiva. El año se comenzó con un valor de 176 puntos y se cerró con una cifra de 245, lo que suponía que los inversores habían ganado 69 puntos con respecto a las cifras de inicios de año. Tal índice de crecimiento llamó la atención en la prensa, que comenzó a dedicarle especial importancia a la sección bursátil. Eso supuso que una gran cantidad de ciudadanos norteamericanos comenzasen a especular en la Bolsa, aunque fue un número mucho menor del que se nos ha querido ofrecer desde los Estados Unidos, ya que de los aproximadamente 120 millones de habitantes del país en aquel momento, apenas invertían en bolsa el 1% de los mismos, había poco más de un millón de inversores en el país.

1928 fue nuevamente un año de ganancias para la Bolsa de Nueva York. Aunque hubo altibajos durante el último mes del año, el crecimiento que esta había tenido a lo largo del ultimo año había sido también espectacular, pasando su valor de 245 a 331 puntos, alcanzando la cifra de 6 mil millones de dólares los préstamos para las operaciones. Se trataba de unas cifras asombrosas, puesto que tan solo un año antes, el valor de estos préstamos era de “apenas” 3.500 millones de dólares. Eso significaba que prácticamente se habían doblado los préstamos.

Esas impresionantes cifras comenzaron a alarmar a los grandes especialistas del país, acrecentándose aún más su preocupación cuando durante el mes siguiente, el valor en Bolsa aumentó nada menos que 30 puntos. Las medidas que se tomaron (lanzar Bonos Estatales, una nota del Consejo de la Reserva Federal y una subida de los intereses bancarios ingleses, para evitar que su dinero viajase a Estados Unidos) hicieron que durante el mes de febrero la Bolsa tuviese algún altibajo y su índice se estancara, dejando de crecer.

Marzo comenzó a significar el principio de la caída para la Bolsa. Las primeras semanas de marzo fueron acompañadas por la euforia de la toma de posesión del nuevo presidente del país, Hoover, pero en la segunda mitad del mes comenzaron a ceñirse oscuras nubes sobre los inversores. El Consejo de la Reserva Federal se reunió en Washington, incluso el sábado 23 de marzo, lo que preocupó a los inversores. El domingo 24 no fue un buen día en la Bolsa para muchos jugadores, y la jornada del lunes fue catastrófica para la Bolsa, pues el índice perdió casi 10 puntos de media. Muchos jugadores se habían presentado en las puertas de Wall Street para vender al mejor precio que pudieran sus acciones. El día 26 fue aún peor para los inversores, llegando a perder en algunos casos las acciones hasta 30 puntos y parecía que se iba a vivir el desplome cuando acudió Charles E. Mitchell (Presidente del National City Bank y uno de los directores de la Reserva Federal de la ciudad) al rescate, quien no podía permitir que se hundiera la Bolsa, por lo que puso el dinero de su propio banco para que se cubrieran las liquidaciones.

Esta medida hizo que los especuladores recuperasen la confianza y esta crisis pasajera se superase durante los siguientes meses. Así, en los meses de junio, julio y agosto se acumuló una subida bursátil de casi 120 puntos, superándose de esta forma los siete mil millones de dólares en compras de valores de créditos, situando el valor del índice en 449 puntos. Los primeros días del mes de septiembre fueron positivos, pero el día 5 se produjo una caída de 10 puntos. Parecía que se había alcanzado el punto de inflexión en términos especulativos, y, septiembre fue un mes en que se vivieron numerosos altibajos en la Bolsa, con una ligera caída a finales de mes. 

El Crack de Wall Street
El mes de octubre comenzó de la misma forma que había terminado el mes anterior, con varios altibajos bursátiles. El miedo comenzaba a crecer entre los especuladores. El infierno bursátil, para los que supieron verlo, comenzó el día 18 de octubre, viernes, en el cual el índice bajó 7 puntos. Al día siguiente este bajó otros 12 puntos. A pesar de ese descenso no cundió el pánico, ya que se pensaba que, como había sucedido en ocasiones anteriores, se trataba de algo pasajero y rápidamente se recuperarían los índices de inicios de mes.

El lunes 21 de octubre mucha gente pensó en vender sus acciones y quedarse con los beneficios económicos que obtendrían de esas ventas. De esta forma se negociaron nada menos que seis millones de títulos aquella jornada, lo que provocó que el ticker (indicador telegráfico que refleja al minuto la cotización de la Bolsa) se retrasase enormemente, lo que sacó de sus casillas a muchos inversores, y provocó que los valores de compras y ventas no fueran reales en el momento de realizarse. El final de esa jornada y la del día siguiente, supuso un cierto colchón en la caída de los valores, pero el miércoles 23 de octubre supuso el principio del fin, ya que la Bolsa cayó desde los 415 a los 384 puntos. Una caída de 31 puntos en una sola jornada. Se acababa de iniciar el desastre bursátil de Wall Street.

El inicio de la jornada en la Bolsa el infausto 24 de octubre de 1929 estuvo marcado porque los valores se mantuvieron estables, pero a las pocas horas comenzaron a hundirse los precios. Es el conocido como Jueves Negro de la Bolsa de Nueva York. El ticker nuevamente sufrió enormes retrasos, debido a la ingente cantidad de títulos que se estaban negociando. Los agentes de Bolsa comenzaron a volcar grandes cantidades de papel, provocando bajadas, debido a que no se les garantizaban los títulos a crédito. Se creó un círculo vicioso y esta operación se repitió en varias ocasiones, provocando que la caída fuera cada vez mayor. Comenzaron a producirse altercados, tanto dentro como fuera de Wall Street. A medio día se ordenó el desalojo de las dependencias de la Bolsa reservadas al público.

La situación era de pánico general, alcanzándose en esa jornada la cifra récord de casi trece millones de transacciones, con la gente vendiendo los títulos a un tercio del valor que tenían antes de comenzar la jornada. Poco después de desalojar las dependencias de la Bolsa, esta se recuperó y comenzó a subir nuevamente el valor de los títulos. Minutos antes de ese cierre se habían reunido representantes de los cinco grandes bancos y llegaron al acuerdo de reunir los fondos necesarios para contener el pánico (según parece, el tope establecido estuvo en torno a los 20 ó 30 millones de dólares, cantidad a todas luces insuficiente comparada con los 7.000 millones de dólares en créditos que se manejaban aquellos días). Finalmente el pánico que se había desatado a lo largo de la mañana, más o menos pudo ser contenido al final de la jornada y esta concluyó con la pérdida únicamente de 12 puntos en el valor de las acciones.

Durante las dos siguientes jornadas se mantuvieron relativamente estables las cifras, pero el lunes 28 de octubre fue desastroso para las inversores, puesto que la jornada terminó con un retroceso de 49 puntos y más de nueve millones de transacciones.

Aún así, lo peor llegaría el martes 29 de octubre, conocido como el Martes Negro, donde se alcanzarían las mayores cotas de pánico en la gente. Aquella jornada se superaron los dieciseis millones de transacciones en Bolsa, lo que inevitablemente hizo que el ticker volviera a sufrir graves retrasos. La caída del índice general aquel día se fue hasta los 43 puntos. Eso hacía que, según cifraron los expertos, se volatilizara tanto dinero aquel día como el que había gastado Estados Unidos durante toda la Primera Guerra Mundial. Más de un millón de personas lo habían perdido todo en aquella trágica jornada para ellos.

Inmediatamente a continuación del Martes Negro, el miércoles y el jueves la Bolsa sufrió una subida de 31 y 21 puntos respectivamente, pero fue un mero espejismo, puesto que desde el 4 de noviembre, hasta el día 13, los valores de la Bolsa se fueron desplomando, hasta llegar a marcar un mínimo de 224 puntos en ese 13 de noviembre. La Bolsa había perdido la mitad de su valor en tan solo dos meses. Por término medio, los títulos cotizados en la Bolsa perdieron el 20% de su valor durante el mes de octubre y hasta el 50% durante el mes de noviembre. Comenzaba así una larga etapa de estancamiento económico en Estados Unidos y en el resto del mundo. Comenzaba la Gran Depresión. 

Consecuencias de la Gran Depresión
Suicidios
Desde el famoso Jueves Negro ha ido creciendo la leyenda de que el número de suicidios de la gente aumentó de manera desproporcionada durante el resto de aquel año, debido a que se habían arruinado con el crack de la Bolsa. Sin embargo, esa opinión generalizada no es cierta del todo, ya que, según los datos que refleja John K. Galbraith en su obra, el número de suicidios fue ligeramente superior en ese 1929 con respecto al año anterior (14% frente a 13.6% por cada cien mil habitantes), produciéndose la mayor cantidad de suicidios a lo largo del verano, cuando los negocios y las inversiones aún era prósperos, y comparando con años anteriores, las cifras de suicidios fueron menores en esos trágicos meses de octubre y noviembre (1331 y 1334 respectivamente, según cifras del Departamento de Comercio, Oficina del Censo de Washington).

Sí es cierto que las cifras de suicidios aumentaron progresivamente durante los siguientes tres años (15.7% por cada cien mil habitantes en 1930, 16.8% en 1931 y 17.4% en 1932), reduciéndose progresivamente a partir del año 1933. Pero ese aumento del porcentaje de suicidios probablemente tuvo relación con la depresión que vivió el país en aquellos años, en donde había millones de hambrientos que, seguramente presas de la desesperación y totalmente desarraigados, optaron por la opción del suicidio, contribuyendo a aumentar esas tasas y también a que creciera esa leyenda negra.

Otra parte de esta leyenda negra correspondiente a los suicidios tuvo que ver con que una gran cantidad de estos se produjo con las víctimas arrojándose por los balcones y ventanas de los edificios más altos de la ciudad. Es cierto que hubo mucha gente que se arrojó al vacío, pero no fue tan elevado el número de suicidios usando este método, y la gente prefirió otros, como pegarse un tiro o morir asfixiados con gas.

Estafas a empresas
Otra de las consecuencias fue la gran cantidad de estafas que se produjeron durante la época de bonanza de la economía del país, que fueron descubiertas una vez que la burbuja estalló. Esto se produjo debido a que en la época en la que los negocios eran prósperos, nadie vigilaba que sus cuentas fueran correctas. Una vez que se produjo el Crack, se descubrió que los empleados de las empresas habían estafado a estas para jugar su dinero en el mercado, con el fin de ganar una cantidad razonable de dinero para ellos y devolver la cantidad que habían tomado “prestada” a su empresa. El hundimiento de la Bolsa sorprendió a una gran cantidad de trabajadores que habían intentado enriquecerse de esta forma, y por lo tanto, habían arruinado a la empresa.

Sin duda alguna, la estafa más espectacular que tuvo lugar fue la del saqueo del Union Industrial Bank, de Flint, Michigan. En esa estafa se estima que los empleados le sustrajeron más de 3.5 millones de dólares al dueño de la empresa.

Cierre de bancos
Una vez que se produjo el hundimiento de la Bolsa, hubo un fenómeno derivado del mismo que tuvo gran importancia. Ese fenómeno se produjo por la pérdida de confianza de la gente ante la impotencia de los bancos por frenar la caída, y también porque muchos de estos bancos habían entrado también en la especulación bursátil y se vieron arrastrados a la quiebra financiera.

Muchas cajas bancarias no consiguieron cobrar los créditos que habían contraído en los años precedentes debido a que sus clientes se habían arruinado, y se vieron arrastrados con ellos. En otros casos, los clientes sacaron todo su dinero de los bancos para pagar las deudas a sus acreedores. Los bancos poco a poco se fueron quedando sin fondos y se vieron, por tanto, obligados a echar el cierre. De esta forma, en 1929 cerraron un total de 642 entidades bancarias. Al año siguiente ese número se dobló y tuvieron que cerrar la friolera de 1.345 cajas, que parecen un número casi irrisorio comparado con las que tuvieron que cerrar al año siguiente, 1931, con un total de 2.298 cierres.

Estos cierres de bancos en Estados Unidos terminaron llegando a Europa y provocaron una crisis de similares características, especialmente porque los bancos europeos estaban vinculados a los norteamericanos, debido a los préstamos de guerra y la reconstrucción posterior a esta.

Las quiebras bancarias metieron a miles de empresas de Estados Unidos en graves apuros de liquidez o llegaran a la suspensión de pagos, por no poder hacer frente a sus nóminas. Incluso podría bastar con que la banca elevase los tipos de interés para que muchas empresas que estuvieran atravesando problemas se vieran obligados a cesar con su actividad. En los meses finales de 1929 quebraron más de 20.000 empresas; en 1930 más de 26.000; en 1931 más de 28.000 y por último, más de 32.000 en 1932.

Aumento del paro
El paro aumentó de forma significativa a raíz del crack de la Bolsa. Si en 1929 había apenas un millón y medio de parados (suponía un 3% de la población total activa), para 1930 esta cifra prácticamente se triplicó, pasando a haber 4.2 millones de parados, siendo la tasa de casi el 9%. Al año siguiente ya se contaba con casi 8 millones de parados y una tasa de paro del 16%. Aún peor fue 1932, cuando las cifras se dispararon hasta un 24% y unos 12 millones de parados. Estas cifras únicamente reflejan el paro total, que va acompañado de la mendicidad, de enfermedades y el hacinamiento en las llamadas Hoovervilles (ironizando con el nombre del Presidente del país en esos momentos, John Edgar Hoover) o en los arrabales de las grandes ciudades.

En cuanto al paro parcial, fue uno de los principales problemas del país en la época de la Gran Depresión. Ese paro parcial no es tenido prácticamente en cuenta en las cifras, pero supuso que entre la gente que pudo conservar su empleo, vieron como sus sueldos se veían reducidos, privándoles también de numerosos privilegios.

Este paro afectó a unos dos tercios de los trabajadores industriales, lo que suponía que sus reducidos salarios se convirtiesen casi en salarios del hambre. Con esas circunstancias, la masa salarial se vio reducida en 1933 hasta aproximadamente la mitad de la que había en 1929 (de 53 mil millones de dólares a 28 mil millones). Esta crisis se hizo notar especialmente en el campo, donde se calcula que unos seiscientos mil trabajadores al año hubieron de abandonar la parcela de la que vivían para no morir de hambre en ella.

Al igual que sucede con la actual crisis en España, en aquel momento resultaba muy complicado para una persona adulta el conseguir un trabajo, pero mucho más difícil aún le resultaba a una persona joven que buscase su primer empleo, por no decir que le resultaría imposible conseguirlo. Esto provocó que una gran cantidad de jóvenes, sobreviviendo en grupos, recorriesen el país, asaltando granjas para poder comer. Se impusieron severos castigos a esos grupos de jóvenes cuando se los cogía.

El otro gran sector perjudicado con la depresión fue el de la educación, puesto que una gran cantidad de escuelas tuvieron que cerrar en el periodo más duro de esta depresión. En 1932 hubieron de cerrar casi cinco mil escuelas por falta de fondos para poder seguir abiertas. Y en el caso de las que pudieron seguir abiertas, en muchos casos permanecían abiertas durante menos horas al día, o en muchos lugares las semanas escolares pasaron a tener tan solo tres días, además de sufrir recortes en los materiales escolares, disminución de sueldos, o directamente con atrasos en los pagos.

Esta crisis y el aumento del paro, además, acentuaron las desigualdades sociales, debido a que aunque las personas más ricas sufrieron quiebras en sus negocios, sus patrimonios no mermaron mucho, mientras que las clases media y baja no pudieron decir lo mismo, ya que si quebraba su negocio, estos quedaban en la ruina, o bien en caso de ser un trabajador y que quebrase el negocio del dueño, que se quedaba sin empleo, sin ingresar dinero y sin posibilidades reales de encontrar un nuevo trabajo.

Descenso demográfico
Al problema del paro hay que sumar un descenso demográfico. Este se produjo debido a que los matrimonios, la natalidad y especialmente las migraciones, se vieron reducidas durante estos años. También se unieron factores como la mortalidad infantil, que aumentó en esos años, al igual que la mortalidad senil, aunque esta influía en menor medida en estos factores. Estados Unidos cerró sus fronteras de entrada para los inmigrantes, lo que sin duda provocó que se redujese la natalidad, y por lo tanto se garantizase el relevo generacional de las personas que fallecieran durante ese periodo, bien por muerte natural, o bien por consecuencia de la crisis. En otros lugares del planeta, se tendió a restringir la natalidad, para tratar de frenar los efectos sociales, es decir, el paro. Esto se dio sobre todo en las democracias liberales, mientras que en lugares con regímenes totalitarios, como podían ser Alemania e Italia, se intentó fomentar el crecimiento de la población, principalmente debido a razones ideológicas.


Se puede observar, por tanto, que el Crack obligó a las compañías de producción que se encontraban al final de la cadena de los holdings a reducir sus gastos y vivir de sus propios recursos. Que estos sistemas se colapsaran supuso que se destruyese la disposición a pedir créditos y a prestarlos para realizar inversiones. También trajo la liquidación de los créditos al exterior, con los que se había equilibrado la balanza internacional de pagos. Desde ese momento la balanza solo pudo equilibrarse con la reducción de las exportaciones, lo que supuso una gran presión a varios mercados, principalmente el del algodón y el tabaco. Por lo tanto, si la economía de 1929 hubiese sido firme, los efectos del crack de la Bolsa se habrían dejado notar en una medida mucho menor de lo que lo hizo, pero al no ser una economía firme, la crisis se hizo notar en gran medida en muchos sectores.


Saludos a todos!!

viernes, 13 de septiembre de 2013

Los hermanos Göring. Ángel y demonio

El nombre de la familia Göring se encuentra inevitablemente asociado al nazismo y al Tercer Reich. Eso se debe a Hermann Göring, Mariscal del Reich, y segundo hombre en importancia de la cúpula nazi. Debido a su notoria posición, la historia de Hermann es sobradamente conocida. Sin embargo, muy poca gente tiene conocimiento de Albert, quien, a pesar de ser su hermano pequeño, podría decirse que era su antítesis, pues dedicó su vida durante los años del nazismo, a salvar la de decenas de judíos y disidentes políticos.

Hermann Göring nació un 12 de enero de 1893 en Rosenheim. Albert, por su parte, nació un 9 de marzo de 1895 en el suburbio berlinés de Friedenau, siendo él el quinto hijo de un notorio diplomático alemán. El padre de ambos, Heinrich Göring se casó en dos ocasiones. Del primer matrimonio nacieron tres hijos, y una vez que murió su primera esposa, se casó con Franzeska "Fanny" Tiefenbrunn, una joven casi 30 años menor que Heinrich, con quien tuvo a Hermann y a Albert Göring.

Debido a su trabajo, Heinrich se encontraba ausente del hogar durante largos periodos. En esos largos periodos de tiempo, su esposa Fanny conoció a un hombre del que se enamoró perdidamente, Ritter Hermann von Eppenstein, un famoso y adinerado médico austríaco de orígen judío. Este hombre estuvo presente en el nacimiento de ambos hijos menores de Heinrich, anunciando durante el nacimiento del segundo de ellos, Albert, que él iba a ser el padrino de la criatura.

¿Por qué un amigo de la mujer iba a ser el padrino del niño recién nacido?
Ese médico austríaco, von Eppenstein, era uno de los invitados habituales de la familia Göring, especialmente en el Castillo de Burg Veldestein. Allí se alojaba siempre en una de las habitaciones más lujosas del complejo. Habitación que abandonaba todas las noches para visitar la de Fanny. Estó creó los rumores de que Albert era el fruto de esta aventura, a lo que se unió que mientras Hermann había heredado los ojos penetrantes de la madre, además de una fisonomía similar a la del padre, Albert tenía los mismos ojos marrones que el médico, además de que cuando fue creciendo, su físico se asemejó mucho al de este último. Pero, según parece, Heinrich Göring hizo la vista gorda a esa hipotética infidelidad de su esposa.

Aunque crecieron juntos y tenían muy buen trato entre ambos, Hermann y Albert no podían ser más diferentes en su infancia. Hermann era un chico rebelde, inquieto, era el líder dentro de su grupo de amigos, y que tuvo que estudiar en varias escuelas diferentes, por su carácter, hasta que fue ingresado en la escuela militar. Allí se encontró como pez en el agua. Albert, al contrario que su hermano, parecía un niño triste, solitario, que siempre prefirió un libro a cualquier otra cosa. Eso sin duda era influencia de su padrino.

Desde su misma infancia los dos hermanos fueron separando sus caminos de manera inevitable. Albert sirvió como ingeniero de comunicaciones en la Primera Guerra Mundial, para, una vez concluida, matricularse en 1919 en la Universidad Técnica de Munich, para estudiar ingeniería mecánica. Allí se encontró con alguno de los futuros líderes del Tercer Reich, entre  los que se encontraría el mismísimo Heinrich Himmler, por entonces un estudiante de agronomía. Mientras tanto, Hermann había sido un héroe de guerra al que habían privado de sus derechos. Por ello comenzó a moverse en el ambiente de las cervecerías de Munich, en las que se escuchaban críticas contra el gobierno de Weimar y las reparaciones impuestas a la Alemania de la posguerra por el Tratado de Versalles. Entre los más críticos, un joven orador del que Hermann quedó prendado. Ese joven orador se llamaba Adolf Hitler.
 

Doce años sin hablarse

El flechazo de Hermann por Hitler fue inmediato, y rápidamente comenzaron a realizar conspiraciones para acabar con la República de Weimar y colocarse ellos en el poder. Ese Golpe de Estado iba a tener lugar en 1923, en el Beer Hall Putsch de Munich, conocido como Putsch de la Cervecería. El Putsch resultó un auténtico fracaso, y en él, además, Hermann fue herido de bala en la ingle. Algunos milicianos de las SA consiguieron alejarlo del lugar de los hechos, y ante la difícil situación que se le planteaba, Hermann tuvo que huir con su mujer Karin a Austria. Escaparon ayudados, sorprendentemente, por una familia de judíos.

Los siguientes cuatro años de Hermann transcurrieron en el exilio. Después de un tiempo en Austria, marcharon a Italia. A finales de 1925 harían lo propio hacia Suecia y dos años después, gracias a una amnistía, pudo regresar a Alemania. En el extranjero fue donde se convirtió en un adicto a la morfina, debido a los dolores que le habían producido las heridas sufridas en el fallido Putsch de Munich. Dependió desde entonces de la morfina hasta casi el final de sus días.

Este período de exilio de Hermann supuso el inicio de doce años en los que los hermanos no hablaron prácticamente. Albert se sentía traicionado como hermano y representante de la familia ante los ideales políticos de su hermano mayor, los cuales rechazaba fervientemente, ya que odiaba a los nazis y desde el que alcanzó el poder dijo de Hitler que les llevaría a la guerra y la ruina. Hermann explicó que no se hablaron durante ese periodo debido a la actitud de Albert hacia el partido, no porque estuviesen enfrentados entre ellos.

Mientras Hermann permanecía en el exilio por su delito, Albert, ya era ingeniero mecánico, y hacía todo lo posible por distanciarse del nacionalsocialismo. En 1928 se trasladaría Albert a Austria, para trabajar como gerente de ventas de una compañía que fabricaba calderas de calefacción. También adquiriría la nacionalidad austriaca.


El reencuentro de los hermanos

Fue en 1938, con el Anschluss (la incorporación de Austria a Alemania) cuando los hermanos volvieron a encontrarse. Ese encuentro, doce años después, tuvo lugar en la casa de campo que Albert tenía en Grinzing, al noroeste de Viena. Albert estaba agotado, ya que a sus actuaciones anteriores en pro de los judíos, sumó que desde que apareció por primera vez de la esvástica en Viena, se puso a organizar los visados ​​de salida de los judíos, junto con el dinero necesario.

Hermann, por su parte, a diferencia de su agotado hermano, se encontraba exultante con la anexión de Austria al Reich. Allí pronunció un escalofriante discurso incitando al antisemitismo. Exultante como estaba por su conquista política, le dijo a los miembros de su familia que les concedería un deseo que le pidiesen. Sus hermanos Albert y Olga le pidieron que interveniese en favor del Archiduque Jose Fernando de Austria, el último príncipe de Habsburgo y Toscana, que se encontraba detenido en el campo de concentración de Dachau. Eso enfureció y avergonzó al comandante de la Lutwaffe, aunque al día siguiente, el Archiduque ya se encontraba excarcelado.

Desde que Alemania ocupase el país, Albert tuvo constantes enfrentamientos con las SS. El primero de esos enfrentamientos fue con unas tropas que obligaban a unas ancianas judías a fregar arrodilladas las calles empedradas de la ciudad. Al tiempo que la gente se burlaba de las mujeres, Albert se quitó la chaqueta, le cogió a una de las mujeres su cepillo y se arrodilló ocupando el sitio de ella. Las SS inmediatamente intervinieron, pidiéndole los papeles. “Cuando les mostró los papeles, detuvieron el espectáculo” aclararía uno de los transeuntes años más tarde. Si hubiera sido cualquier otra persona quien hubiera hecho eso, inmediatamente habría sido fusilado, pero no iba a ser el caso de un Göring.

Poco tiempo después, se encaró nuevamente con las SS, las cuales se estaban riendo de una anciana a la que habían colocado con un cartel en un escaparate. En el cartel se podía leer soy una cerda judía. La estaban exhibiendo en el escaparate de la tienda de su propio hijo. En esas que Albert, que se encontraba paseando por la calle, observó la escena y decidió actuar. El hombre entró en la tienda y le quitó el cartel a la mujer y la acompañó a la puerta. A la salida, la respuesta del oficial de las SS no se hizo esperar, y pidiéndole la documentación. Albert echó mano al bolsillo y sacó su documento. El oficial miró el carnet de identidad, leyó el nombre del sujeto al que cerraba el paso, e inmediatamente se apartó pidiendo disculpas. Acababa de leer el nombre de Albert Göring, el hermano de Hermann, el número dos del régimen nazi. Albert pudo llevarse a la anciana sin ningún tipo de resistencia.

Otra de las actuaciones de Albert fue después de haber sido trasladado a Praga, como nuevo director de exportación de Skoda. Fue estando en Praga cuando escribió un folio con membrete oficial en el que puso simplemente Göring y en el que se exigía que se liberara a Josef Charvát, médico y miembro de la resistencia. El destino del folio era el campo de Dachau. El comandante, al leer el apellido liberó a los dos doctores Charvát que se encontraban en el campo. De ese modo, el líder comunista había quedado libre.
 

Albert, en el ojo del huracán

Debido a sus actividades, comenzó la Gestapo a acumular una cifra considerable de informes en su contra. Se llegaron a emitir cuatro órdenes de detención a su nombre durante la guerra, pero sin embargo, nunca fue condenado. Su hermano, conocedor de sus activides, siempre acudió en su ayuda, a pesar del perjucio político que le ocasionaba. Albert comentó posteriormente que su hermano un día le dijo: “Allá tú si quieres ayudar a los judíos, pero por favor no me metas en dificultades irresolubles”. Y así lo hizo.

Desde 1939 las SS se mantuvieron al tanto de las  actividades que realizaba Albert. A partir de ese año fueron elaborando un amplio archivo con  documentos de sus actos de terrorismo. Albert era un enemigo público del Tercer Reich. Llego incluso a pasar por prisión en varias ocasiones, pero siempre era liberado a las pocas horas o días, llamada de Berlín mediante. No había nada que se pudiera hacer contra él, ya que su hermano mayor había extendido su mano protectora, pese a que nunca llegaron a hablar del tema. En un informe completo sobre sus actividades, fechado el 23 de octubre de 1944, se puede leer que resultaban llamativos sus frecuentes contactos con los círculos judíos, y que incluso estaba casado con una posible judía. Realmente Goering había contraído matrimonio con una eslava, un pueblo que los nazis consideraban infrahombres.

En 1944 Albert realizaría el más difícil todavía. Sería a comienzos del año cuando llegasen a su conocimiento las atrocidades que cometían los nazis en los campos de concentración, por lo que trató de salvar a los presos del campo de Theresienstadt (Chequia). Albert llegó a la puerta del campo y exigió ver al jefe del mismo, diciendo que era Albert Göring, trabajador de Skoda y que necesitaba trabajadores. El jefe del campo no puso ninguna pega, por ser hermano de Hermann. Más tarde llevó a todos esos presos a un bosque de las inmediaciones, y los liberó.

Esta última intervención de Albert fue la gota que colmó el vaso en la paciencia de Himmler. En agosto de 1944, envió a un cable al Obergruppenführer de las SS Karl Hermann Frank, General de la policía de Praga, en el que solicitaba permiso para apresar a Albert, para que fuera interrogado. Su sentencia a muerte ya estaba firmada, puesto que desde Berlín habían remitido la orden de pegarle un tiro. Pero Hermann fue alertado de esa orden e hizo todo lo posible por salvar a su hermano. “Mi hermano me dijo entonces que era la última vez que me podía ayudar, su posición se tambaleaba, y que tuvo que interceder personalmente ante Himmler para suavizar todo el asunto”, declararía Albert más tarde, en los Juicios de Nüremberg.
 

La despedida

La última vez que ambos hermanos se reunieron fue en mayo de 1945, en una cárcel de tránsito en Augsburgo. Hermann había sido capturado por los estadounidenses, en un atasco en una carretera próxima a Radstadt, montado en su Mercedes acorazado. Albert, por su parte, se había entregado a los aliados el 9 de mayo en Salzburgo, contando con el abal de sus acciones humanitarias durante todo el periodo nazi. Pensaba, con bastante lógica, que por esas acciones sería liberado sin cargos en cuestión de horas. Sin embargo, en los interrogatorios nadie le creyó. En el patio de la cárcel de Augsburgo se verían por última vez. Allí se abrazaron y Hermann le dijo: “Lo siento mucho, Albert, ya que tú has tenido que sufrir tanto para mí. Tú vas a salir libre pronto, entonces encárgate de mi mujer y mi hijo… ¡Adiós!".
 
Pero ese deseo de Hermann no se cumplió y Albert pasó mucho tiempo en la cárcel, sin ser capaz de convencer a sus interrogadores acerca de su inocencia. Para ellos no había duda de su culpabilidad. Tras muchos meses de interrogatorios, Albert finalmente encontró a alguien que le escuchó, el mayor Victor Parker. A él entregó su lista titulada Personas cuya vida o existencia salvé poniéndome en riesgo. En esa lista el mayor Parker reconoció el nombre de su tía, la mujer de Franz Lehár, un compositor húngaro, por ello fue capaz de confirmar las afirmaciones de Albert.

Una vez confirmada su historia, todos los informes recomendaban su liberación, pero a pesar de ello fue enviado a Praga por si allí tenía crímenes de guerra. En Checoslovaquia llevar el apellido Göring prácticamente suponía una sentencia a muerte, por los crímenes allí cometidos por su hermano. Sin embargo, los empleados de Skoda y miembros de la resistencia checa declararon a favor del acusado. Ante esas pruebas, el tribunal no tuvo más remedio que declarar su inocencia y decretar su puesta en libertad en marzo de 1947, con 52 años de edad. Desde que se había entregado, aquel 9 de mayo de 1945 había tardado en ser puesto en libertad. Corría la primavera del año 1947 cuando por fin pudo reunirse nuevamente con su familia en Salzburgo.

Desde que fue liberado, irónicamente, no pudo conseguir trabajo debido a que no pudo sacudirse la sombra del apellido que su hermano había ensuciado. Pero a pesar de ello, se negó a renunciar al apellido. Consiguió diversos trabajos, bien como escritor, como dibujante o incluso traductor, pero siempre esporádicamente y mal pagado. Los últimos años de su vida los había pasado sobreviviendo gracias a los paquetes de comida que los judíos a los que había ayudado durante la guerra le enviaban. Pudo haberse cambiado el apellido, tal como hicieran numerosos nazis, sin embargo el prefirió no hacerlo, por lealtad a su padre. Albert habría considerado una traición renunciar al apellido de una persona que siempre le había tratado bien.

Albert se encontró sin nada en su nueva vida, y eso le condujo al alcoholismo e incluso a la infidelidad. Fue por ello por lo que su última esposa, la checa Mila, pidió el divorcio, y con ella se llevó a su única hija, Isabel, emigrando a Perú. Jamás volvió a ver o a hablar con su hija, la cual fue incapaz de responder a las cartas que le envió. Esto le hizo caer en la más absoluta depresión.

Albert finalmente murió a los 71 años de edad, el 20 de diciembre de 1966, sin dinero y sin ningún tipo de reconocimiento oficial (en 1952 el gobierno alemán le concedió una pensión de 82 marcos alemanes mensuales, por edad avanzada y desempleo. ). Murió víctima de un cáncer de páncreas,  en una casa de alquiler, con la casera con la que se había casado poco tiempo antes de morir para que ella pudiera disponer de la pensión que el gobierno le otorgaba. Su vida había sido sepultada por el terrible rastro de sangre que había dejado tras de sí su hermano. El cuerpo de Albert fue sepultado en el panteón familiar en Munich.


Saludos a todos!