domingo, 28 de julio de 2013

Landmesser, el hombre que plantó cara al régimen nazi

August Landmesser era un alemán nacido en Pinneberg (Ston) un 24 de mayo de 1910. Durante la Gran Guerra y posguerra que asoló a su país apenas era un niño. Fue en su juventud cuando tuvo grandes problemas para encontrar trabajo, al igual que le sucedía a la gran mayoría de alemanes, lo que, a pesar de no ser muy afín a los ideales del partido, le llevó a afiliarse al NSDAP (en Partido Nazi) en 1931, cuando este se encontraba en pleno ascenso y prometía revertir la situación que atravesaba Alemania. Se afilió con el fin de conseguir un trabajo estable. August finalmente consiguió un trabajo en Hamburgo, en los astilleros de Blohm und Voss.

August seguiría afiliado como miembro al NSDAP hasta 1935, cuando un suceso que contrariaría los deseos del régimen, obligó a expulsarle del partido. A pesar de ser expulsado del partido pudo conservar su trabajo en los astilleros de Blohm und Voss hasta el año 1938, año en que fue hecho prisionero por la Gestapo.
 
Ese suceso que contrarió al partido fue que el 21 de abril de 1935 se casó con Irma Eckler, una mujer de ascendencia judía. Ese matrimonio, hasta ese momento era totalmente legal, pero con la entrada en vigor de la Ley para la Protección de la Sangre y el Honor Alemanes, el 15 de septiembre de ese mismo año, ese matrimonio fue declarado nulo, en virtud del primer artículo de esa ley. Esto colocaba a la pareja en una peligrosa posición frente al gobierno, ya que Landmesser se mantuvo fiel a sus ideales y mantuvo su relación con Irma, figurando desde aquel momento su relación como extraconyugal, lo que les hacía estar fuera de la ley y más cuando uno de los miembros de la pareja era de origen judío. Las dos hijas del matrimonio nacerían en octubre de 1935 y en julio de 1937, Ingrid e Irene, respectivamente.
 

Se negó a realizar el saludo nazi

August Landmesser pasó a la historia un 12 de junio de 1936, fecha en la que fue botado el velero de la Marina Alemana Horst Wessel (actualmente un barco escuela). Aquel día Adolf Hitler estaba presente en la botadura del velero cuando Landmesser se negó a realizar el saludo, tal como hicieran el resto de sus compañeros del astillero. Landmesser se quedó con los brazos cruzados ante el Führer de Alemania, como forma de protesta pacífica ante la injusticia que se estaba cometiendo con él, con su amada Irma, y con Ingrid, su hija recién nacida. Ese acto de insubordinación fue inmortalizado en una fotografía, sin que el protagonista de la misma lo supiese.

Desde entonces este hombre pasó a ser un ejemplo de coraje individual y objeción de conciencia, hasta tal punto fue ejemplo de resistencia al régimen nazi que durante la Segunda Guerra Mundial la fotografía fue lanzada sobre suelo alemán por los Aliados, apelando a los contrarios al régimen a que tomasen la misma actitud que el hombre de esa imagen, por aquel entonces, una persona anónima.
 

Campo de concentración y muerte

Después de numerosos juicios, Landmesser sería finalmente encarcelado y condenado en 1938, por violar el segundo artículo de la Ley para la Protección de la Sangre y el Honor Alemanes. Mediante ese segundo artículo fue condenado por Rassenschande (deshonra de la raza), ya que con él quedaba prohibido el comercio carnal extramatrimonial entre judíos y ciudadanos de sangre alemana o afín, algo que Landmesser, con dos hijas, evidentemente no había cumplido. En virtud del quinto artículo de esa misma ley, fue condenado a la pena de prisión y trabajos forzados. Su mujer corrió idéndita suerte, siendo llevada inicialmente a Lichtenburg, para posteriormente trasladarla a Ravensbrück, en donde murió en enero de 1942 (ambos eran campos de concentración exclusivos para mujeres).
 
Una vez que August cumplió la pena a la que había sido condenado de dos años y medio de trabajos forzados en el campo de Börgermoor, fue liberado, pero debió continuar haciendo trabajos forzados en una fábrica de vehículos para el ejército, para más adelante, ser obligado a alistarse en el I Batallón de libertad condicional 999. Oficialmente a finales de ese año fue cuando se le perdió el rastro a August, sin embargo, se piensa que murió en alguna de las batallas de las que formó parte su batallón, siendo más que probablemente en la Península de Pelješac, Croacia, donde muriese, a inicios del año 1944. Fue oficialmente declarado como fallecido en 1949.
 
Las hijas, por su parte, fueron separadas al condenar a sus padres en los campos de concentración. A Ingrid, la hija mayor del matrimonio, se le permitió vivir y ser criada por su abuela materna, mientras que Irene, de apenas unos meses, se la llevó a un orfanato, y más tarde sería adoptada por una familia. Ambas hijas sobrevivieron a la guerra.

La fotografía en la actualidad

La identidad del hombre anónimo que aparecía en la fotografía con los brazos cruzados no sería conocida hasta décadas después de que finalizase el gran conflicto bélico. Sería en 1991 cuando, de forma totalmente casual, Irene vería en un diario alemán la fotografía, e identificaría como a su padre al hombre que tenía los brazos cruzados que durante tanto tiempo había permanecido en el anonimato.. Unos años después, la propia Irene escribiría la historia de su familia, con el objetivo de contar al mundo la terrible historia que habían tenido que vivir sus padres, y de como habían sido separados por el régimen nazi que asoló Alemania.

Esta fotografía puede ser contemplada actualmente en el centro de documentación Topografía del Terror, que se encuentra ubicado en la antigua calle Prinz Albrecht de Berlín, donde hasta 1945 se encontraban situadas las sedes centrales de la Gestapo, las SS, y la Oficina Central de Seguridad del Reich (la Reichssicherheitshauptamt).


Saludos a todos!!
 

viernes, 26 de julio de 2013

La resistencia de Numancia

Numancia era una antigua población celtíbera situada en el Cerro de la Muela, en Garray, muy próxima a la actual ciudad de Soria. Numancia fue conocida porque después de dejar entrar en la ciudad a unos fugitivos, tuvieron un grave enfrentamiento con Roma, que comenzó en el año 153 a.C. y se prolongó en el tiempo durante nada menos que veinte años, hasta que a Publio Cornelio Escipión Emiliano, el Africano Menor le nombraron cónsul para que acabara con el enfrentamiento con los numantinos, a los que derrotó tras someterles a un sitio de muchos meses. La gran mayoría de los habitantes de Numancia prefirieron el suicidio antes que entregarse al enemigo, haciendo prevalecer así la condición de libres antes que la de esclavos que les otorgaría Roma.

Origen y Situación

Los orígenes de la ciudad de Numancia no están claros del todo, ya que Plinio el Viejo señala su origen pelendón, sin embargo otros historiadores, como Estrabón, la sitúan con un origen arévaco. Sea cual fuere su origen, Numancia es una ciudad celtíbera que se encuentra situada en el Cerro de la Muela de Garray, un punto estratégico delimitado por el Sistema Ibérico y rodeado por el río Duero y el Merdancho, con una superficie aproximada de ocho hectáreas.

Las calles de la ciudad estaban orientas en dirección este-oeste, con la salvedad de las dos calles principales, que su orientación era norte-sur. El diseño de las calles estaba pensado para cortar el viento norte. Las casas de la ciudad eran de piedra, con elementos de madera, adobe, barro y paja, y se encontraban agrupadas en manzanas, alineadas próximas a la muralla. La ciudad se encontraba rodeada por una muralla reforzada por varios torreones, con cuatro puertas.

Numancia fue ocupada por primera vez a inicios de la Edad del Bronce, aproximadamente entre los siglos XIX y XVIII a.C. Después de que los romanos la conquistasen y destrozasen, en el año 133 a.C., se han encontrado restos de poblamiento en el Siglo I a.C., y sería hacía el siglo III d.C. cuando comienzase su decadencia.
 

Las Guerras Celtibéricas

Desde que Roma entrase por primera vez en la Península Ibérica en torno al año 218 a.C., con motivo de las Guerras Púnicas, la conquista de esta fue bastante rápida, y en apenas un siglo fue prácticamente sometido todo el territorio. Pero esa conquista no fue total, ya que hubo pueblos en Lusitania que a lo largo de la conquista ofrecieron una lucha titánica. En ese sentido, destacó sobremanera la resistencia que Numancia ofreció a los romanos, ya que fue capaz de frenar a las puertas de su muralla durante veinte años al todo poderoso ejército romano. La propia Numancia, junto a otras ciudades, llegó  incluso a enviar embajadas a Roma para negociar con el Senado romano.

Sería después de la primera Guerra Celtibérica (181-179 a.C.) cuando los pueblos celtibéricos se someterían al poder romano, después de haber sido derrotados por estos. Los tratados que firmarían iban encaminados a que los celtíbteros tuvieran prohibido construir nuevas ciudades amuralladas, o bien ampliar las ya existentes. Además, en los tratados se incluiría el desarme de los pueblos y el envío de hombres para las filas romanas.

Sería en el año 153 a.C. cuando los habitantes de Segeda, que era la capital de los Belos, retrasaron el envío de soldados que pedía Roma para servir en su ejército, al tiempo que se negaban a pagarles impuestos y ampliaban las fortificaciones de su pueblo. Fue por ello por lo que el Senado romano, en virtud de las condiciones acordadas tras la Primera Guerra Celtibérica, mandó un ejército de unos 30.000 hombres a cuyo frente se encontraba el cónsul Fulvio Nobilior, para solucionar los problemas que les estaba creando ese pueblo hispano. 

El envío de un ejército tan numeroso para un pueblo tan pequeño fue sorprendente, y por supuesto los segedenses no pudieron hacer nada para contener el potencial romano. Los habitantes tuvieron que abandonar sus casas y buscaron refugio en la vecina Numancia, una ciudad que en aquellos momentos, al inicio de la guerra, contaba con una sólida muralla de protección y con un ejército de unos 20.000 soldados a pie, a los que se unían unos 5.000 jinetes. Dichas cifras fueron reduciéndose de manera irreversible a medida que fue avanzando el conflicto con Roma, ya que los romanos controlaban cada vez más territorio, y por lo tanto se elevaba la dificultad para reclutar hombres.

De esta forma dos de las ciudades más importantes de los celtíberos, Numancia y Segeda, se enfrentaron con la poderosa Roma. Al frente de la coalición se situaría el caudillo de Segeda, Caro, como jefe. Estos pueblos aliados derrotaron a los romanos, los cuales sufrieron más de 6.000 bajas, ante el estupor de Roma. Por contra, la coalición hispana perdió a su líder Caro.
 
Al año siguiente, con Claudio Marcelo como cónsul, los celtíberos conseguirían un acuerdo de paz, que incluía el pago de un impuesto de guerra. Dicho acuerdo no fue aceptado por el Senado romano, aunque tras su negativa, los numantinos alcanzaron un acuerdo con el nuevo cónsul romano, mediante el cual, a cambio de una gran cantidad de dinero, ambas partes vivirían en paz. Esta paz se mantuvo hasta el año 143 a.C., hasta que los celtíberos se rebelaron, debido al aumento de la tensión en ambas partes.

Esta rebelión encabezada por Viriato fue considerada como muy grave en Roma, lo que les llevó a decidir enviar un potente ejército a la Península, bajo el mando del cónsul de ese año, Cecilio Metelo. La labor del cónsul fue exitosa para ambas partes, ya que negociaron una paz mediante la cual los numantinos pasarían a ser amigos y aliados de Roma.
 
Sin embargo, el día que debían ratificarse dichos acuerdos, los numantinos se negaron a entregar las armas, tal y como habían acordado. Esta osadía del pequeño pueblo ibérico causó estragos en Roma, desde donde se decidió que no se podía tolerar la osadía. Desde aquel momento, Numancia iba a ser una prueba para el prestigio militar de Roma, contra la que ahora se viviría una guerra continua.
 
La reanudación de la guerra
En el año 141 a.C. fue nombrado como cónsul Quinto Pompeyo Aulo, quien era rival político de Metelo. Este cónsul no destacó en absoluto en su labor militar, ya que al concluir su consulado sólamente había conseguido toparse con las murallas numantinas, sin realizar ningún progreso. Además de haber sido derrotado en diversas ocasiones, también negoció en secreto un tratado de paz que aseguraba la permanencia de la ciudad.

Dicho tratado secreto no fue respetado por Roma, ya que no lo consideraban válido, y por ello el siguiente cónsul, Popilio Laenas, atacó nuevamente Numancia en el año 139 a.C., siendo derrotado por la ciudad. Tras ello decidió saquear los campos de cereales de los vacceos, con el fin de justificar su actividad militar en la zona.

Cayo Hostilio Mancino, el cónsul del año 138 a.C., atacó Numancia con una fuerza aproximada de unos 20.000 hombres. Fracasó y en la retirada fue rodeado por los numantinos, que eran una fuerza cinco veces inferior a la suya, y se vio obligado a capitular para salvar tanto su vida como la de sus soldados. Mancino fue llamado a Roma junto a los embajadores numantinos. Estos últimos se vieron obligados a acampar a las afueras de Roma, ya que eran una nación bárbara. El castigo al que sometió el Senado a Mancino fue humillante, ya que les fue ofrecido a los numantinos para que hicieran con él lo que quisieran. Los numantinos le dejaron desnudo, con las manos atadas a la espalda, en las afueras de la capital.

Los siguientes cónsules romanos, Marco Emilio Lépido Porcina (137 a.C.), Lucio Furio Filón (136 a.C.) y Quinto Calpurnio Pisón (135 a.C.) optaron por no atacar la ciudad. Tras tantos años de luchas y victorias de Numancia, esta había quedado como un baluarte de hostilidad y de resistencia a Roma.

Publio Cornelio Escipión nombrado cónsul
Después de que Roma fuese humillada en reiteradas ocasiones, el Senado romano decidió enviar en el año 134 a.C. a uno de sus mejores generales a acabar con la conquista de Hispania, Publio Cornelio Escipión Emiliano, llamado el Africano Menor, quien había derrotado a Cartago y había adquirido gran fama por ello. Escipión era descendiente de Publio Cornelio Escipión el Africano, el excepcional general que derrotó a Ánibal. El prestigio de Escipión era tal que nada más ser nombrado cónsul, un gran número de romanos quisieron alistarse bajo sus órdenes..

Hubo un problema anterior a que Escipión fuese designado jefe del ejército, ya que no había pasado aún el tiempo necesario desde que había sido cónsul (lo fue en el 147 a.C.) para volver a serlo. Ese problema fue resuelto haciendo que los tribunos derogasen la ley en cuanto al tiempo entre consulados, al igual que sucedió en la Guerra de Cartago.

Una vez solventado dicho problema, Escipión viajó a la Península con un ejército aproximado de unos 4.000 voluntarios, que se sumaron a la llamada cohorte de amigos. Nada más llegar a la Península, Escipión sometió a su ejército a un durísimo entrenamiento, para levantar la decaída moral de sus hombres y para así poder atacar Numancia con plenas garantías de éxito. A la ciudad castellanoleonesa sólo marchó una vez que su ejército estaba suficientemente entrenado, y se trasladó cuidando mucho de no dividir a sus hombres, como habían hechos sus predecesores, ni tampoco de enfrentarse al enemigo antes de haber explorado. Escipión escribió, al respecto de su prudencia:
"Es un disparate aventurarse por cosas leves. Es imprudente el capitán que entra en acción sin necesidad, así como aquel otro es excelente que se arriesga cuando lo pide el caso: así es que los médicos no usan sajaduras ni cauterios antes de las medicinas".

El ataque definitivo
En octubre del 134 a. C., Escipión tomó posiciones frente a Numancia, a la que en ningún momento dio opción de pelear. En todo momento Escipión se mostró cauto en sus decisiones, ya que su plan era cercar y sitiar al enemigo, no enfrentarse directamente a ellos. Para conseguir aislarles, primero se dirigió a los pueblos vecinos, en esta ocasión a los vácceos, a quienes los numantinos compraban los víveres, y arrasó sus campos, habiendo tomado previamente todo lo necesario para sus propias tropas.

Fue entonces cuando comenzó a construir el cerco a la ciudad de Numancia, construyendo fosos, empalizadas y terraplentes para proteger a sus propios hombres. Levantó además un muro de cerca de diez kilómetros de perímetro, situando una torre cada 30 metros en la muralla. Dichas torres estarían equipadas con el armamento más sofisticado de la época. También desarrolló un sistema de señales que le permitía trasladar tropas a cualquier lugar que pudiera encontrarse en peligro.

Una vez terminado de construir todo el cerco a Numancia, estos contarían con una cantidad de gente de entre 2.500 y 4.000 hombres para defender una ciudad totalmente sitiada, frente a los cerca de 60.000 hombres que había llegado a reunir Escipión. De ese enorme ejército, aproximadamente la mitad de hombres se encargarían de proteger el muro construido, mientras que la tercera parte serían usados para las salidas que fuesen necesarias. El número restante de soldados quedarían en la reserva.

Después de haber sitiado Numancia durante ocho meses, en el verano del año 133 a.C. la ciudad se rindió agotada, debido al hambre. Muchos de los habitantes de Numancia prefirieron el suicidio, antes que rendirse y entregarse a los romanos. Finalmente arrasó la ciudad enemiga, sin esperar a la decisión del Senado. El cónsul también castigó duramente a las ciudades que habían colaborado, o intentado colaborar con Numancia.
De los numantinos rendidos, Escipión tomó a 50 para que le acompañaran  a su vuelta a Roma y el resto fueron vendidos como esclavos. Cuando acabó la campaña militar regresó a Italia, y le fue concedido el triunfo, que celebró en Roma en el año 132 a.C., haciendo desfilar por las calles de Roma a los numantinos que había tomado.

Numancia había sido destruida y ya formaba parte de la leyenda. Con su destrucción se dieron por concluidas las guerras celtibéricas. Esas guerras que habían supuesto unos enormes gastos para el Estado romano. Numancia en aquel momento ya había pasado a la leyenda.

Los campamentos romanos

Escipión llegó a Numancia a finales de año, con la clara idea de tomar la ciudad mediante el bloqueo y no por asalto, como habían hecho sus predecesores. Debido a ello ordenó la construcción de una valla que formaba una línea continua alrededor de la muralla. En la construcción de esta zona vallada fueron necesarias no menos de 16.000 estacas, a razón de cuatro estacas por cada metro construido, lo que daba un recorrido total de cuatro kilómetros. A esas estacas había que unir las del entrelazado de la empalizada, lo que elevaba el número a cerca de 40.000 las estacas necesarias en la construcción. Una vez construida la defensa, se levantó una muralla de algo más de nueve kilómetros y un foso. En dicha muralla, mandada levantar por Escipión, se encontrarían siete campamentos, los cuales fueron construidos por piedra, como se harían en épocas del Imperio. Esos siete campamentos serían:

- Castillejo
Toda la conquista de Numancia fue dirigida por Escipión desde este primer campamento. En su construcción fueron aprovechados cimientos anteriores, y su posición estratégica permitía abarcar toda la circunvalación y estar bien defendida, debido a las pendientes de los alrededores. Este campamento tenía una capacidad aproximada de unos 5.000 hombres, aunque se calcula que no hubo allí más que la mitad de soldados.

- Travesadas
Este campamento contaba con unas cuatro hectáreas de extensión. Tenía también una puerta pretoria, protegido desde el interior por dos torres de considerables dimensiones.

- Valdevortón
Está construido en el punto de confluencia de los ríos Merdacho y Duero. Los 400 hombres que formaron la guarnición, además de atender al río, tenían que cubrir también los desfiladeros del río y las colinas por la que los numantinos, después de atravesar el río Merdancho, podrían atacar fácilmente.

- Peñarredonda
Este campamento, situado en una zona muy elevada, entre las lomas que se deslizan hacia el río Merdancho, dominaba toda la ladera meridional de Numancia, y desde él se podían controlar todos los movimientos que realizase el enemigo. Por contra, era el campamento más expuesto ante los numantinos, por lo que sus defensas estaban más reforzadas que en el resto de campamentos, con una muralla de cuatro metros de anchura.

- La Rasa
El campamento de La Rasa pudo tener una superficie de seis hectáreas y se encontraría entre el río Dueron y el campamento de Peñarredonda. Es probable que el campamento estuviera ocupado por tropas ibéricas.

- Dehesillas
Fue el mayor campamento de los siete levantados por Escipión. En la actualidad aún se conserva el inicio de ambos lados de la muralla que lo protegía. Era el campamento que contaba con una mejor defensa natural, situado a más de 1000 metros de altura, lo que permitía tener una gran visión de toda la zona, con la meseta en la que estaba construido rodeado por el Duero. Contaba con más de 14 hectáreas de superficie.

 - Alto Real
Este último campamento es el de más improbable construcción de todos, debido a que no se han hallado sólidas estructuras a la manera romana, aunque sí que hay claras huellas de un campamento. En caso de que hubiese sido una ocupación romana, el campamento tuvo una extensión aproximada de ocho hectáreas, y habría estado ocupado por tropas auxiliares ibéricas.


El asedio de Numancia constituirá, por tanto, uno de los episodios más importantes de la presencia y conquista romana en la Península Ibérica. Algunos autores romanos, como Apiano, destacaban el afán de libertad de estas ciudades y destacaban la resistencia numantina sobre las legiones romanas, con muchos menores medios y posibilidades que el gran ejército romano. Otro autor, Floro, destacó de Numancia que, aunque era inferior en poderío en comparación con Cartago o Corintio, esta era equiparable a ellas en fama y valor, debido a que con sus escasos medios fue capaz de resistir durante largos años al ejército enviado por Roma, un ejército muy superior en números de hombres y armamento al que disponían los numantinos. El yacimiento de Numancia sería declarada Bien de Interés Cultural el 29 de agosto del año 1882.


Saludos a todos!!

miércoles, 14 de marzo de 2012

Tema 4. El Estatuto Real 1834

El rey Fernando VII murió en el mes de septiembre de 1833. Días después, en octubre, se conoció su testamento, en el que nombraba a su viuda, María Cristina de Borbón, como gobernadora del Reino mientras durara la minoría de edad de su hija Isabel II. Se instituiría además un Consejo de Gobierno que se encargaría de asesorarla y de realizar la transición liberal. El Consejo estaría dirigido en un primer momento por Cea Bermúdez y desde comienzos de enero de 1834 por Martínez de la Rosa. La situación era muy complicada en el país, puesto que el absolutismo que quedaba atrás con la muerte del monarca se encontraba totalmente obsoleto en ese momento. Para eso era necesaria una reforma, reforma que pedían numerosos sectores del país. Querían introducir una reforma política, frente al inmovilismo que planteaba Cea Bermúdez. Y esa reforma no se haría con el restablecimiento de la Constitución de 1812, sino que daría paso al Estatuto Real de 1834.
 
El Estatuto real no fue planteado como una constitución, pero tampoco era una reproducción institucional del Antiguo Régimen. Se trataba de un articulado que establecía la convocatoria a Cortes, unas Cortes que no serían convocadas ni a la manera del Antiguo Régimen ni de la forma liberal. Fue una constitución finalmente de 50 artículos, dividida en 5 títulos, que se referían a la convocatoria de Cortes Generales del Reino, función que correspondería a la Gobernadora del Reino, debido a que la reina Isabel II todavía se encontraba en minoría de edad. Se consideraría esa convocatoria como una concesión de la Corona, no como una soberanía nacional bajo ningún aspecto.

Se centraba el Estatuto en la organización, las funciones y atribuciones de las Cortes, pero no se citaba en ningún lugar el tema de la soberanía, ni los derechos del ciudadano, ni tampoco las relaciones que existirían entre la Monarquía y los miembros del Gobierno, ni con las Cámaras. Se trató de una Carta Otorgada, similar a la francesa de 1814, es decir, una cesión voluntaria de los poderes por parte de la Corona, quien se vio obligada a hacerlo debido a las circunstancias.
 
El Estatuto Real tenía carácter moderado y conciliador. Pretendió conjugar orden y libertad, tradición con las ideas nuevas, y buscó, aunque no tuvo éxito, la conciliación de todos los españoles. Aunque la figura del Rey conservaba un poder considerable, el Estatuto otorgaba cierta consistencia a la doctrina según la cual las funciones atribuidas formalmente al Rey por la Constitución debían ser ejercidas de hecho por un Ministerio responsable. Eso sí, el Rey tenía la potestad de disolver las Cortes en caso de conflicto entre los Ministros y el Parlamento. El Estatuto reconoció formalmente la existencia del Consejo de Ministros y la compatibilidad entre el cargo de ministro y el de parlamentario; además, la práctica dio carta de naturaleza a la cuestión de confianza y al voto de censura.
 
Según el Estatuto Real, las Cortes se compondrían de dos Cámaras: el Estamento de Próceres del Reino y el Estamento de Procuradores del Reino. El primero estaría compuesto por la aristocracia social, la eclesiástica, la de sangre, y la económica, puesto que para pertenecer a este estamento sería necesaria una renta de 60.000 reales anuales. Estaría compuesto por dos clases de miembros, a saber, los de pleno derecho y los de nombramiento real, primando estos últimos. Eran cargos vitalicios. El segundo estamento sería una Cámara electiva, y para poder ser procurador sería necesaria una renta anual elevada, de unos 12.000 reales, con una duración de tres años y reelegible. Con esta división se establecía por primera vez el bicameralismo en el país.

El carácter que tendrían ambas Cámaras sería prácticamente consultivo, con atribuciones muy limitadas. La formación de las leyes sí requería de su aprobación, además de la sanción del rey. También votaban las contribuciones que proponía el rey, aunque ellos por sí mismos no tenían iniciativa legislativa, o lo que es lo mismo, no podían elaborar leyes, pero si tenían derecho a pedírselo al rey.
 
El Estatuto Real supuso acabar con el Antiguo Régimen definitivamente e introdujo las instituciones y mecanismos parlamentarios que existían en los Estados europeos más avanzados de aquel tiempo. Sin embargo, el régimen político que el Estatuto intentó establecer no llegó a estabilizarse sino que quebró al cabo de poco más de dos años. Influyó en ello la tensión creada por la Guerra Carlista, pero fue decisiva la división en la familia liberal. Los liberales más progresistas no apoyaron al Estatuto, debido a que este no contenía una declaración de derechos del ciudadano y no reconocía la soberanía nacional. Sin duda ellos tenían y tuvieron durante todo el siglo la Constitución de 1812 como referente para cualquier reforma. Este modelo que proponía el Estatuto Real se mantuvo durante dos años, en medio de dos procesos: uno, la guerra carlistas, y el otro, más importante, la ruptura liberal.

jueves, 19 de enero de 2012

Tema 3. Contrarrevolución e intervención extranjera

Dentro del régimen liberal que vivía el país desde 1820, en julio de 1822 se vivió una versión exaltada del liberalismo. En ese momento ya estaba abierta la contrarrevolución. Con ello se acabó desembocando en un proyecto antiliberal, plagado de disensiones políticas. Esa contrarrevolución es una oposición al régimen liberal, una oposición beligerante, desde el primer momento en que se inicia este régimen liberal.
 
Tanto Fernando VII como toda la Corte aceptaron el régimen constitucional, pero eso no significa que aceptaran la causa liberal ni que no acudieran a la conspiración para tratar de derrumbar el régimen instaurado. Nunca se llegó a aceptar este régimen, y se consideró, por parte de los absolutistas, que la figura del rey se encontraba secuestrada. Se buscó, por parte de la camarilla del rey, y desde el propio monarca cobertura exterior para acabar con el régimen liberal y volver a implantar el absolutismo en el país. No hay que olvidar la actuación política que tuvo Fernando VII nada más acceder al trono, de tratar de eliminar cualquier resto de liberalismo.
 
Desde inicios de 1821 se va organizando una estrategia, proveniente de Palacio, que consiste en la agitación, trata de usar cualquier resquicio de la Constitución para aumentar la tensión política. Se genera, de esta forma, un enfrentamiento constante entre el Rey las Cortes. Desde la parte del rey, se realizaron todo tipo de obstrucciones contra el reformismo que trataron de imponer las Cortes, alcanzando el punto cumbre con la devolución en dos ocasiones de la ley de abolición del régimen señorial. El rey fue el punto central sobre el que giraba toda la contrarrevolución. En esa oposición al liberalismo también se situó el clero, amparándose, especialmente, en la ley de desamortización de noviembre del año 1820.
 
La contrarrevolución abarca todo el Trienio y es una oposición, mediante la vía de la conspiración y de la insurrección para acabar con el régimen constitucional. Ese es el punto fuerte para su cohesión, aunque las manifestaciones se produjesen de muy diferentes maneras. La línea argumental más usada fue la de que Fernando VII era un rey cautivo, el cual se encontraba a merced de los liberales. Y el medio usado para hacer visible esa contrarrevolución no fue otro que el uso del rumor y la provocación, especialmente en la capital del país.
 
La contrarrevolución tuvo su expresión armada e insurreccional en las Partidas realistas, desplegadas sobre todo en el noreste del país. Estas partidas se fueron multiplicando con los meses, recogiendo formas de lucha guerrillera, como había sucedido en la Guerra de Independencia. Las partidas se ven muy nutridas, especialmente en Cataluña, con la crisis agraria que hay en 1822, a lo que hay que añadir el malestar por la presión fiscal. Las partidas van tomando posiciones en la zona norte del país y terminan tomando la plaza de Seo de Urgel, dando lugar así a la Regencia de Urgel, en agosto de ese año.
 
Dicha Regencia no pasó más que de ser un ensayo político, puesto que las partidas, encargada de defenderla, fueron vulnerables. La estrategia guerrera perdió fuerza mientras que los liberales fueron recuperando terreno y lanzaron una ofensiva contra la insurrección. La Regencia, que no tenía apoyos exteriores, se trasladó a Francia, donde quedaron aislados. De esta forma se demostró que la única manera de derribar al régimen liberal era contando con la intervención extranjera.
 
La intervención extranjera
En la Europa de los Congresos se había instaurado un nuevo orden en las relaciones internacionales, basándose en el equilibrio. Además, acordaron la creación de la Santa Alianza para impedir cualquier ruptura revolucionaria. Es por eso por lo que la ruptura del absolutismo en España se había convertido en algo muy incómodo para todo el continente.
 
Desde 1821 ya se estaba intentando, mediante la contrarrevolución, el contar con ayuda exterior para acabar con el régimen liberal. Sin duda el monarca español fue quien más trató de conseguir esa ayuda europea, mediante el uso de correspondencia privada con otros monarcas europeos, especialmente con el rey francés. Si durante un largo tiempo, a pesar de las peticiones, rechazaron el envío de esa ayuda exterior para restaurar el absolutismo fue precisamente por la forma en que este se restablecería, ya que no consideraban oportuno que este se restableciera como lo había hecho en 1814.
 
Fue finalmente en el Congreso de Verona, en noviembre de 1822 fue en el que se acordó que las potencias europeas, con excepción de Gran Bretaña, realizarían una invasión armada a España, para acabar con el constitucionalismo español. Esas tropas invasoras serían francesas, conocidas bajo el nombre de “Los Cien Mil Hijos de San Luis”, bajo el mando del Duque de Angulema, quienes iniciarían su misión el 7 de abril del año 1823.
 
Se inició la propaganda por parte del bando de los patrióticos, alegando que esta invasión de tropas era como la invasión de Napoleón, e intentaron evocar al espíritu de mayo de 1808. Pero esta vez las tropas francesas no cometieron los mismos errores, guardando especial cuidado en el abastecimiento, además de contar con la ayuda de las partidas guerrilleras. Esta incursión coincidió, además, con una crisis política interna. Las tropas francesas fueron avanzando hacia la capital, mientras que las Cortes iniciaron el mismo periplo que durante la Guerra de Independencia, yendo primero a Sevilla y posteriormente a Cádiz. El Rey se opuso a su traslado a Cádiz y fue cuando se nombró una Regencia, alegando enajenación del monarca, pero ya había muy pocas zonas que apoyasen el régimen liberal.
 
El Rey desembarcó en el Puerto de Santa María el 1 de Octubre, haciéndolo como rey absoluto, y finalizando así la experiencia liberal, aunque desde hacía ya muchos meses que se había puesto en marcha la Restauración absolutista por el país, con la excepción de esos últimos núcleos de resistencia.

Tema 2. España en el Congreso de Viena

El periodo de tiempo que hay entre el 4 de mayo de 1814 y el 8 de marzo de 1820 se le conoce como Sexenio Absolutista, porque se restablece íntegramente el modelo del Antiguo Régimen, con todas las piezas que lo formaban, es decir, el aparato político, institucional y administrativo del Estado absoluto.
 
El 4 de mayo de 1814 se promulgó un real decreto, mediante el cual se anulaba, como si no hubiera existido jamás ni en tiempo alguno, la obra de las Cortes de Cádiz, con lo que supuso la vuelta al régimen absoluto. Por el contrario, el 8 de marzo de 1820, mediante un pronunciamiento, se recuperaba el modelo diseñado en Cádiz. En ese escaso margen de tiempo, se produjeron numerosos cambios que propiciaron la recuperación de un sistema político que fue rechazado por el monarca Fernando VII nada más llegar al país.
 
Para poder entender este cambio que se produjo en tan breve espacio de tiempo hay que entender que ambas formas eran inviables en ese momento, una porque ya se había mostrado ineficaz en el periodo anterior, y en este periodo se mostrará el quebrar del sistema monárquico absolutista, y la otra, la de la Constitución, porque en ese momento aún no se encontraba acabado, además de porque le faltaban grandes apoyos.
 
La vuelta al Antiguo Régimen no fue algo propio de España, ya que se produjo en toda Europa. Sin embargo la que tuvo lugar aquí fue la restauración y la represión más radical de todas cuantas tuvieron lugar en ese momento. Y es que en España, que había criado muchos de los principios revolucionarios, siempre a través de la obra de Cádiz o de José I, nunca por parte de Fernando VII, se abandonaron todos esos principios, incluso los que eran mínimamente reformistas. Esto se explica porque la vuelta de Fernando VII era no solo la vuelta a 1808, sino que también suponía la vuelta de todos los personajes que habían provocado la crisis anterior a la Guerra de Independencia, una crisis política e institucional de la monarquía absoluta.
 
Pero ahora además no solo había una amenaza por parte del reformismo ilustrado, sino también de la revolución, la cual había hecho temblar los cimientos políticos y sociales del Antiguo Régimen. Fue por eso por lo que la Restauración se encargó de anular cualquier posible resto que quedase del periodo gaditano.
 
El inmovilismo que se produjo a raíz de la Restauración quedó agotado en tan sólo seis años, puesto que todas las formulas usadas para detener la crisis eran las mismas usadas antes de 1808 y que ya habían mostrado su ineficacia. Este sistema provocaba inmovilismo político, institucional y jurídico, algo que sí tenía la obra de Cádiz y que no podía ser borrado de golpe y plumazo. Esto concluirá con el derrocamiento, por agotamiento, de este Antiguo Régimen, más por su debilidad que por la fortaleza del sistema liberal.
 
El hundimiento de este sistema trae consigo además el hundimiento del Estado transoceánico como parte de la monarquía borbónica. No solo supondrá la independencia de las colonias americanas, sino que supone la desintegración del Antiguo Régimen, puesto que este problema colonial formaba parte de la propia crisis del sistema absoluto.
 
Los Congresos europeos
Una vez que habían sido vencidos los ejércitos de Napoleón, Europa se reajustó territorial y políticamente. Esto se hizo a través de varios congresos; la Paz de París en m ayo de 1814, el Congreso de Viena, en noviembre de ese mismo año, y con la segunda Paz de París, tras Waterloo, en noviembre de 1815. En esos congresos se reunieron las cuatro potencias europeas, Gran Bretaña, Francia, Rusia y Prusia, y como resultado de estos, Francia restauraba las fronteras que tenía anteriormente a 1792 y se imponía una nueva teoría política, la del equilibrio y también al derecho de intervensionismo en las relaciones internacionales, siempre que surgieran focos revolucionarios que amenazasen de nuevo el absolutismo. La política de estos congresos deparó el nacimiento de la Santa Alianza en septiembre de 1815, un modelo de intervencionismo al que se sumaría España junto a estas potencias, con la excepción de Gran Bretaña. Pero España, aunque se incorporó a esa Santa Alianza, se había quedado fuera de las negociaciones en los congresos, demostrando que no tenían peso político en la nueva Europa, y que habían pasado a ser una potencia de segundo nivel.
 
En ese aspecto, la vuelta al absolutismo en España, estaba en consonancia con Europa, pero no así la radicalidad con la que lo restauró. Es por eso por lo que Europa se volvió a alarmar cuando surgió el liberalismo en 1820, y sobre todo, con la fragilidad con la que cayó el régimen absolutista recientemente instaurado.

Tema 1. Junta Suprema Central

Formación Junta Suprema Central
Fernando VII, antes de partir de Madrid hacía Bayona para responder a la llamada de Napoleón, dejó constituida una Junta Suprema de gobierno, presidida por el infante Antonio. Esta junta asumía la representación del monarca en ausencia del mismo del país. Desde un primer momento, coincidiendo con la salida del presidente de la misma hacia Bayona, demostró su inoperancia y se vio desbordada por el conflicto que acaba de estallar en el país.
 
Nada más conocer que el país se había sublevado, Napoleón emite dos decretos, uno dirigido a la Junta de Gobierno y el otro al Consejo Real, en el que encarga a este último la convocatoria de Cortes mediante el sistema de Antiguo Régimen. Pero ambos decretos emitidos fueron silenciados por la Junta, la cual carecía de presidente, por la salida de este del país. La Junta de gobierno queda descalificada, puesto que habían lanzado mensajes de colaboración con los franceses el mismo 2 de Mayo. La situación era preocupante, puesto que las instituciones del Antiguo Régimen no tenían flexibilidad ni agilidad, se habían colapsado.
 
Las elites del país, en esta situación, o se orientan hacia Bayona, o bien la actividad la orientan hacia las Juntas. Durante ese mes de mayo, se van formando juntas de organización popular, para dar forma a la insurrección. Surgen de forma espontánea y no todas tenían base histórica en las estructuras tradicionales del poder local, aunque en la mayoría de ellas, fueron quienes se pusieron al frente. Fueron estas el embrión de la revolución liberal.
 
Queda de esta forma dirigido el país por pequeñas estructuras, que necesitaban de coordinación en sus operaciones, por lo que surge la idea de crear unas Juntas Supremas Provinciales, especialmente para armamento y gobierno. En total existirán 18 Juntas provinciales, en todos aquellos lugares que la guerra pudo permitir su formación. Al frente de las mismas se situó gente relacionada con la estructura de poder anterior. En los manifiestos de estas juntas ya comienzan a aparecer cuestiones de matiz liberal, comienza a haber una concepción del poder desde la base hasta la punta del mismo. Durante todo el verano de 1808 las diferentes juntas fueron insistiendo en la necesidad de crear un gobierno común para todo el país, por lo que el 25 de septiembre del mismo año quedó constituida definitivamente en Aranjuez la Junta Suprema Central.

Junta Suprema Central Gubernativa del Reino
Con esta Junta Central se comienzan a ordenar los poderes. Estuvo presidida por Floridablanca hasta su muerte, a finales de año, y el objetivo era mantener una estructura de gobierno y la dirección de la guerra. Hubo discrepancias sobre su legitimidad, ya que no se sabía si el poder era soberano o si por el contrario procedía fruto del secuestro del rey, y querían resolver una convocatoria a Cortes. Dentro de la propia Junta había varios grupos; un grupo era contrario a la convocatoria de Cortes y decía que la Junta era como un Consejo de Regencia; otro grupo, liderado por Jovellanos, hablaba de la supremacía de la nación en una situación límite como era el secuestro del Rey. El último grupo era el sector más liberal, con una idea de soberanía nacional como principio constructor de apertura de un proceso constituyente.
 
Por lo tanto, la formación de la Junta tenía una pretensión centralizadota en la dirección de la guerra, y la apertura de un debate con idea de realizar una convocatoria de unas Cortes, aunque durante algún tiempo se olvidaría este último tema.
 
El Estado josefino que éste estaba construyendo influyó claramente en las decisiones que tomó la Junta Central y en las instituciones del país que se resistía a unirse al invasor francés. El proyecto de Napoleón, con el Estatuto de Bayona, simplemente planeaba acabar con el Antiguo Régimen.
 
La Junta trató de organizar la Administración del Estado y la dirección política, con la antigua estructura de Secretarías de Despacho: Estado, Guerra, Hacienda, Gracia y Justicia, y Marina. La Junta estaba compuesta por un presidente y 35 miembros, representantes de juntas provinciales. Ante la amenaza francesa, dicha Junta debió de trasladarse a Sevilla y posteriormente a Cádiz a comienzos de 1810.
 
La cuestión principal que trató de trabajar la Junta fue la convocatoria de Cortes, y para esa convocatoria existe un pulso entre los favorables a Jovellanos y los liberales, pulso del que finalmente salen victoriosos los últimos. Hasta el momento en que se disuelve la Junta, se suceden los modelos de debate de cómo deberían ser convocadas las Cortes, pero no se llega a ningún acuerdo. Finalmente, ante el desprestigio que está acumulando, se disuelve el 29 de enero de 1810.
 
Por decreto se creaba una Regencia ante esta disolución. Para la convocatoria a esas Cortes, la Junta quería convocarla por estamentos, con un modelo bicameral, una iniciativa legislativa, una subordinación de la Regencia y una Diputación de Cortes que fijara el principio de su continuidad.
 
Pero la Regencia obstaculizó este proceso que quería la Junta y se mostró reticente al respecto. Se alejó de la idea de soberanía nacional y fueron el puente para las Cortes de Cádiz. Aunque la Junta no había resuelto el tema de la convocatoria de esas Cortes, los diputados comenzaron a llegar a Cádiz. Aunque teóricamente iban a ser convocados por separado nobleza y clero, pero había una gran dificultad y finalmente ni se los convocó, porque la opinión liberal de la calle se estaba imponiendo.
 
La Regencia fijó para agosto la reunión de esas Cortes, y para representarlas, bastaba con ser ciudadano, simplemente. Se optó por el 19 de agosto y que fueran las propias Cortes las que tomaran la decisión sobre su naturaleza. La apertura de las mismas fue fijada para el 24 de septiembre, y las discusiones no tendrían un proyecto de constitución preliminar. Era la hora de la revolución liberal, que sería puesta en marcha por unas Cortes Constituyentes.

lunes, 19 de diciembre de 2011

La muerte de Julio César

El 15 de marzo del año 44 a.C. Julio César había convocado al Senado para discutir sobre unas campañas contra los partos que iban a iniciarse en tan sólo unos días. Allí se iba a encontrar con un grupo de conspiradores, que iban a tratar de asesinarle en la Curia del teatro de Pompeyo, que era el lugar donde se reunía el Senado. Era la última oportunidad de los conspiradores para asesinarle, puesto que en unos días partiría hacia Oriente, y en territorio italiano no contaba con la protección de una escolta.

Al llegar a la Curia, un hombre le dio a César una lista, que incluía el nombre de todos los conspiradores, pero que no tuvo tiempo de leer antes de entrar en la Curia. Entró con el pergamino en la mano, en el momento en que se llevaban a Marco Antonio afuera, con el pretexto de contarle algo de importancia, ya que podría intentar defender a César. Se quedaba de esta forma sólo contra los conspiradores.
 
Fue en ese momento cuando otro de los conjurados se le acercó por detrás a César y le clavó su puñal en la espalda. César se volvió y se defendió clavándole el stilo que llevaba para escribir en el brazo al traidor, pero cayeron sobre él los demás conjurados apuñalándole. César aún tuvo fuerzas para empujarlos, pero los asesinos se lanzaron sobre él, clavándole numerosas puñaladas. Cubierto de heridas, desangrándose, Julio César se irguió con dignidad, se colocó la túnica para que al caer cubriera sus piernas y, siguiendo una milenaria costumbre, se cubrió la cabeza con la toga para no tener que ver el rostro de sus asesinos que volvieron a lanzarse sobre él apuñalándole, hasta que cayó muerto a los pies de la estatua de Pompeyo Magno que presidía la Curia del teatro de Pompeyo.

Cayo Octavio Turino
Nació en el año 63 a.C., el mismo día en que se produce la Conjuración de Catilina. Su familia es original de Velletri, pero él ya nació en la Urbs, posiblemente en una mansión situada en el monte Palatino. Su padre alcanzó la pretura y después fue nombrado gobernador de Macedonia, y su madre era una sobrina del propio Julio César, y por ella entrarán en contacto César y Octavio. Fue el propio César quien se encargó de la educación de Octavio, mostrando gran interés en él, quizás por no tener hijos.

Debido, quizás, al interés que mostró César por el joven Octavio, a la muerte del primero, se descubrió que en el testamento había decidido adoptarle como hijo suyo. Esa adopción, además de reportarle bienes personales, prácticamente le señala como heredero del César en el plano político, algo que no podía hacer de forma directa, debido a que no respetaría sino las normas de la República.
La situación tras la muerte de César

Marco Antonio tenía en ese momento 40 años, y procedía de una familia de destacados políticos, había desempeñado cargos como oficial de caballería en las campañas de Palestina y Egipto, y había combatido como oficial del ejército en la Galia. Fue nombrado cuestor, augur, y tribuno. En el 48 a.C., en la Batalla de Farsalia contra Pompeyo, César le otorga el mando de su ejército. El propio Antonio llevó los asuntos de César en Roma durante su estancia en Egipto. Además, también compartía el consulado en el 44 a.C.: en teoría era el heredero político de César.

Marco Antonio se queda teóricamente en una posición predominante a la muerte de César. Intentó perseguir la paz y el final de la tensión política que se respiraba, al tiempo que intentaba afianzarse como líder de los cesarianos, por encima de Lépido, cuyas tropas habían ocupado el Foro el 16 de marzo. El Senado fue reunido en el templo de Tellus por iniciativa de Marco Antonio al día siguiente, además de conceder una amnistía a todos los conjurados. Para el funeral de César, se decidió que fueran convocados Funerales Públicos, con lo que contentaba así a los partidarios de este. Se atrae también el favor popular al hacer repartos de dinero. Él será el más favorecido a la muerte del César, puesto que se encuentra apoyado por el Senado, además de porque era el principal lugarteniente del propio César.
 
Las cosas se fueron complicando cuando se conoció el testamento del César, el cual daba generosos donativos a la plebe, dejaba legados a gente como Marco Antonio, y nombraba heredero a Octavio. Eso hace que se comience a manifestar un malestar en el pueblo, puesto que había sido César muy generoso con todo el mundo, incluido con sus propios asesinos, a quienes dejaba legados.

En el funeral terminaron explotando los ánimos de la gente. César fue incinerado en el Foro, saltándose de esta forma las normas establecidas. Además, el pueblo fue hasta la casa de los conspiradores, los cuales consiguieron escapar de la ciudad, incluidos Casio y Bruto, que eran pretores y debían pedir permiso a Marco Antonio, el cual se lo concede. Mientras, Marco Antonio intenta aplacar los ánimos de la plebe.

La situación, de ira popular, progresivamente se fue apaciguando, por lo que se llega a una especie de paz en Roma tras el asesinato de César. Por ese motivo Marco Antonio decide partir a la Campania, para allí dedicarse a establecer colonias para los soldados veteranos de César, al sur del Lacio. En esos asentamientos seguramente se dejará gran parte de las finanzas que dejó César, hecho que será muy reclamado por los enemigos de Marco Antonio.

Pero esa situación de paz momentánea que deja Marco Antonio se ve alterada por el joven Octavio, a quien el asesinato del César sorprendió en Apolonia, donde se encontraba preparando la campaña contra los partos, y además estaba así completando su formación militar. Octavio contaba con tan sólo 18 años en el momento del asesinato, partió inmediatamente a Roma. Según las fuentes, desde el primer momento quiere vengar la muerte de César, aunque tardó un tiempo en acometer dicha venganza. Octavio llegó a Roma en los primeros días de mayo, después de detenerse unos días en Italia meridional.

Octavio, quien como parte de la herencia había también adoptado el nombre de su padre adoptivo, denominándose ahora como Cayo Julio César Octaviano, fue el que rompió esa situación de paz momentánea alcanzada por Marco Antonio, puesto que a pesar de los consejos que le dan sus más allegados de renunciar a la herencia y a la adopción de César, este decide aceptar ambas cosas.

Octaviano aceptará por lo tanto la herencia, y será bien acogido por los amigos y partidarios de César, quienes no están contentos con la ambición que está mostrando Marco Antonio. Recibe ese favor, sin duda, también gracias al dinero. Paga a la plebe 300 sestercios por cabeza, que era lo que había estipulado César en su testamento. También otorga un donativo a las legiones establecidas en el sur de Italia, en la Campania, con las que se gana su favor, y con ello recluta un ejército privado, por lo comete una ilegalidad. Dos legiones de la Campania desertan y se pasan al bando de Octavio. También costea Octaviano una serie de juegos en honor de César.

Todas estas actuaciones de Octaviano, hacen que se conviertan en enemigos él y Marco Antonio, pues ambos mantienen una pugna por hacerse con el poder que dejó vacante el fallecimiento de César.
En esos juegos que organiza Octaviano en honor a su padre adoptivo, le favorece la suerte, pues durante la celebración de los mismos, en el cielo se aparece el sidus Iulium, un cometa que es identificado como el alma de César, una divinización. Eso da a la gente la creencia que Octaviano es el hijo de un ser divino. Una vez vista la estrella, esta fue añadida en la frente de la estatua de César en el Templo de Venus.

Batalla de Mutina
Octaviano, que ha ido reuniendo poder desde la muerte de su padre adoptivo, recluta un ejército y participa en el Senado: tiene así poderes militares y políticos. Este hecho se sale del marco legal, e intenta aprovecharlo Marco Antonio para tratar que sea declarado enemigo público. No sólo no lo consigue, sino que además, dos de las seis legiones suyas se unen a Octaviano. Además, Cicerón consigue convencer al Senado para que Octaviano se encuentre amparado en el marco legal.

El primero de enero del año 43 a.C. será cuando el Senado apruebe esas propuestas de Cicerón, con las cuales Octaviano pasará a formar parte del Senado, siendo nombrado Propretor (por edad no podía serlo) y se le facultará para acompañar a los cónsules de ese nuevo año, en calidad de su cargo, para ir a buscar y enfrentarse a Marco Antonio, en la batalla que tendrá lugar en abril de ese año.

El Senado le entregó a Marco Antonio a finales del año 44 a.C. la provincia de la Galia Cisalpina, y este quiso canjearla por el gobierno en la Galia Comata, una provincia que en ese momento se encontraba administrada por uno de los cesaricidas, Décimo Bruto. Con esto Marco Antonio pretendía trasladar desde allí las legiones hacia Macedonia, para tratar de preparar un ataque contra el Imperio de los partos. Pero Bruto se negó a entregar la provincia, por lo que Antonio se dispuso a atacarle a finales del 44 a. C.

Cuando Antonio marchó al norte para disponerse a tomar el mando de la Cisalpina, Bruto se negó a entregársela, amparándose en la amnistía del 17 de marzo, refugiándose en Mutina, ciudad que fue sitiada por Marco Antonio. El Senado no tardó en aprobar la conducta de Décimo Bruto, y Antonio fue declarado hostis rei publícae. Es por esa conducta y por la declaración de enemigo público por lo que Octaviano marcha a la Galia Cisalpina, a enfrentarse a él. A este ejército personal y liderado por Octaviano se le unirán también las fuerzas de los cónsules de ese año 43 a.C., Hircio y Pansa.

Octaviano, en calidad de propretor que era, parte a la Galia Cisalpina al frente de su ejército, para defender a los sitiados de Mutina. A ese ejército se le unieron las fuerzas de los dos cónsules de ese año, Hircio y Pansa.
Pansa se adelantó a sus compañeros y se dirigió al norte de Roma. El 14 de abril Marco Antonio marchó con su cohorte pretoriana, con la II y la XXXV legión, con unidades ligeras y un importante cuerpo de caballería para intentar cortar el paso a Pansa antes de que este se uniese con sus ejércitos a sus aliados. Las tropas de Marco Antonio se encuentran con las de Pansa, en un pueblo llamado Forum Gallorum. Allí las tropas de Pansa son derrotadas y él resultó fallecido en la batalla, pero Marco Antonio fue forzado a retirarse, gracias a la ayuda de refuerzos bajo el mando de Hirtio, las cuales colisionaron con las maltrechas y exhaustas tropas de Marco Antonio.

Tan sólo siete días después de esta primera batalla en la que falleció Pansa, ambos ejércitos se volvieron a encontrar, pero esta vez ya fue en Mutina. Esta vez ya si que estaban las tropas de Octaviano presentes en la batalla. En esta ocasión fue derrotado Marco Antonio, pero en la batalla murió el otro cónsul de ese año, Hirtio, hecho que dejaba a la República sin sus líderes políticos. Marco Antonio consiguió huir de la batalla, no sin dificultades, hacia la Galia Cisalpina. Décimo Bruto también había conseguido huir hacia Macedonia, aunque fue asesinado durante su viaje.
 
Debido a su condición de propretor y a la muerte tanto de Pansa como de Hirtio, obtuvo tras esa batalla el mando de las legiones del Senado. Pero esas muertes de los cónsules levantaron las sospechas del Senado ante la figura de Octaviano, y rechazaron de esa forma la petición del ejército de nombrar cónsul a Octaviano, ante la muerte de los dos que habían sido nombrados ese año. Esa petición es rechazada por el recelo que les crea su figura, y porque son favorables a la causa de los cesaricidas, además de por la edad de Octaviano, pues contaba con tan sólo 19 años en ese momento.

Esto disgustó enormemente a las legiones que estaban al servicio de Octaviano, el cual decidió marchar contra Roma al frente de sus legiones, en agosto de ese mismo año 43 a.C. Octaviano regresaba como general invicto de su batalla de Mutina. En el itinerario a Roma cruzó el Rubicón, tal como hizo César, y da un golpe de Estado. El Senado no tuvo más remedio que elegirle cónsul. Octavio proclama que quien le ha nombrado cónsul era el pueblo y no el Senado. La edad mínima para el consulado era de 24, pero él, en tan sólo un año había alcanzado la máxima magistratura, contando con 19 años.

El 19 de agosto, tras haber cruzado el Rubicón, Octaviano era nombrado cónsul. Además, conseguía la promulgación de una lex curiata que le confirmaba la adopción hacia su persona que incluía César en su testamento, pasando definitivamente a llamarse Cayo Julio César Octaviano. Además de conseguir aprobar esa lex, consiguió también promulgar una ley contra los asesinos de César, revocando de esta forma la amnistía que se les concedió el año anterior. También consiguió que se rehabilitasen a importante miembros cesarianos, como eran Dolabela, Lépido, quien ayudó a Marco Antonio en su huída, y a este mismo. Con estos dos últimos, además, comenzó a mantener negociaciones que terminaron conduciendo a la creación del segundo Triunvirato.