miércoles, 14 de marzo de 2012

Tema 4. El Estatuto Real 1834

El rey Fernando VII murió en el mes de septiembre de 1833. Días después, en octubre, se conoció su testamento, en el que nombraba a su viuda, María Cristina de Borbón, como gobernadora del Reino mientras durara la minoría de edad de su hija Isabel II. Se instituiría además un Consejo de Gobierno que se encargaría de asesorarla y de realizar la transición liberal. El Consejo estaría dirigido en un primer momento por Cea Bermúdez y desde comienzos de enero de 1834 por Martínez de la Rosa. La situación era muy complicada en el país, puesto que el absolutismo que quedaba atrás con la muerte del monarca se encontraba totalmente obsoleto en ese momento. Para eso era necesaria una reforma, reforma que pedían numerosos sectores del país. Querían introducir una reforma política, frente al inmovilismo que planteaba Cea Bermúdez. Y esa reforma no se haría con el restablecimiento de la Constitución de 1812, sino que daría paso al Estatuto Real de 1834.
 
El Estatuto real no fue planteado como una constitución, pero tampoco era una reproducción institucional del Antiguo Régimen. Se trataba de un articulado que establecía la convocatoria a Cortes, unas Cortes que no serían convocadas ni a la manera del Antiguo Régimen ni de la forma liberal. Fue una constitución finalmente de 50 artículos, dividida en 5 títulos, que se referían a la convocatoria de Cortes Generales del Reino, función que correspondería a la Gobernadora del Reino, debido a que la reina Isabel II todavía se encontraba en minoría de edad. Se consideraría esa convocatoria como una concesión de la Corona, no como una soberanía nacional bajo ningún aspecto.

Se centraba el Estatuto en la organización, las funciones y atribuciones de las Cortes, pero no se citaba en ningún lugar el tema de la soberanía, ni los derechos del ciudadano, ni tampoco las relaciones que existirían entre la Monarquía y los miembros del Gobierno, ni con las Cámaras. Se trató de una Carta Otorgada, similar a la francesa de 1814, es decir, una cesión voluntaria de los poderes por parte de la Corona, quien se vio obligada a hacerlo debido a las circunstancias.
 
El Estatuto Real tenía carácter moderado y conciliador. Pretendió conjugar orden y libertad, tradición con las ideas nuevas, y buscó, aunque no tuvo éxito, la conciliación de todos los españoles. Aunque la figura del Rey conservaba un poder considerable, el Estatuto otorgaba cierta consistencia a la doctrina según la cual las funciones atribuidas formalmente al Rey por la Constitución debían ser ejercidas de hecho por un Ministerio responsable. Eso sí, el Rey tenía la potestad de disolver las Cortes en caso de conflicto entre los Ministros y el Parlamento. El Estatuto reconoció formalmente la existencia del Consejo de Ministros y la compatibilidad entre el cargo de ministro y el de parlamentario; además, la práctica dio carta de naturaleza a la cuestión de confianza y al voto de censura.
 
Según el Estatuto Real, las Cortes se compondrían de dos Cámaras: el Estamento de Próceres del Reino y el Estamento de Procuradores del Reino. El primero estaría compuesto por la aristocracia social, la eclesiástica, la de sangre, y la económica, puesto que para pertenecer a este estamento sería necesaria una renta de 60.000 reales anuales. Estaría compuesto por dos clases de miembros, a saber, los de pleno derecho y los de nombramiento real, primando estos últimos. Eran cargos vitalicios. El segundo estamento sería una Cámara electiva, y para poder ser procurador sería necesaria una renta anual elevada, de unos 12.000 reales, con una duración de tres años y reelegible. Con esta división se establecía por primera vez el bicameralismo en el país.

El carácter que tendrían ambas Cámaras sería prácticamente consultivo, con atribuciones muy limitadas. La formación de las leyes sí requería de su aprobación, además de la sanción del rey. También votaban las contribuciones que proponía el rey, aunque ellos por sí mismos no tenían iniciativa legislativa, o lo que es lo mismo, no podían elaborar leyes, pero si tenían derecho a pedírselo al rey.
 
El Estatuto Real supuso acabar con el Antiguo Régimen definitivamente e introdujo las instituciones y mecanismos parlamentarios que existían en los Estados europeos más avanzados de aquel tiempo. Sin embargo, el régimen político que el Estatuto intentó establecer no llegó a estabilizarse sino que quebró al cabo de poco más de dos años. Influyó en ello la tensión creada por la Guerra Carlista, pero fue decisiva la división en la familia liberal. Los liberales más progresistas no apoyaron al Estatuto, debido a que este no contenía una declaración de derechos del ciudadano y no reconocía la soberanía nacional. Sin duda ellos tenían y tuvieron durante todo el siglo la Constitución de 1812 como referente para cualquier reforma. Este modelo que proponía el Estatuto Real se mantuvo durante dos años, en medio de dos procesos: uno, la guerra carlistas, y el otro, más importante, la ruptura liberal.

jueves, 19 de enero de 2012

Tema 3. Contrarrevolución e intervención extranjera

Dentro del régimen liberal que vivía el país desde 1820, en julio de 1822 se vivió una versión exaltada del liberalismo. En ese momento ya estaba abierta la contrarrevolución. Con ello se acabó desembocando en un proyecto antiliberal, plagado de disensiones políticas. Esa contrarrevolución es una oposición al régimen liberal, una oposición beligerante, desde el primer momento en que se inicia este régimen liberal.
 
Tanto Fernando VII como toda la Corte aceptaron el régimen constitucional, pero eso no significa que aceptaran la causa liberal ni que no acudieran a la conspiración para tratar de derrumbar el régimen instaurado. Nunca se llegó a aceptar este régimen, y se consideró, por parte de los absolutistas, que la figura del rey se encontraba secuestrada. Se buscó, por parte de la camarilla del rey, y desde el propio monarca cobertura exterior para acabar con el régimen liberal y volver a implantar el absolutismo en el país. No hay que olvidar la actuación política que tuvo Fernando VII nada más acceder al trono, de tratar de eliminar cualquier resto de liberalismo.
 
Desde inicios de 1821 se va organizando una estrategia, proveniente de Palacio, que consiste en la agitación, trata de usar cualquier resquicio de la Constitución para aumentar la tensión política. Se genera, de esta forma, un enfrentamiento constante entre el Rey las Cortes. Desde la parte del rey, se realizaron todo tipo de obstrucciones contra el reformismo que trataron de imponer las Cortes, alcanzando el punto cumbre con la devolución en dos ocasiones de la ley de abolición del régimen señorial. El rey fue el punto central sobre el que giraba toda la contrarrevolución. En esa oposición al liberalismo también se situó el clero, amparándose, especialmente, en la ley de desamortización de noviembre del año 1820.
 
La contrarrevolución abarca todo el Trienio y es una oposición, mediante la vía de la conspiración y de la insurrección para acabar con el régimen constitucional. Ese es el punto fuerte para su cohesión, aunque las manifestaciones se produjesen de muy diferentes maneras. La línea argumental más usada fue la de que Fernando VII era un rey cautivo, el cual se encontraba a merced de los liberales. Y el medio usado para hacer visible esa contrarrevolución no fue otro que el uso del rumor y la provocación, especialmente en la capital del país.
 
La contrarrevolución tuvo su expresión armada e insurreccional en las Partidas realistas, desplegadas sobre todo en el noreste del país. Estas partidas se fueron multiplicando con los meses, recogiendo formas de lucha guerrillera, como había sucedido en la Guerra de Independencia. Las partidas se ven muy nutridas, especialmente en Cataluña, con la crisis agraria que hay en 1822, a lo que hay que añadir el malestar por la presión fiscal. Las partidas van tomando posiciones en la zona norte del país y terminan tomando la plaza de Seo de Urgel, dando lugar así a la Regencia de Urgel, en agosto de ese año.
 
Dicha Regencia no pasó más que de ser un ensayo político, puesto que las partidas, encargada de defenderla, fueron vulnerables. La estrategia guerrera perdió fuerza mientras que los liberales fueron recuperando terreno y lanzaron una ofensiva contra la insurrección. La Regencia, que no tenía apoyos exteriores, se trasladó a Francia, donde quedaron aislados. De esta forma se demostró que la única manera de derribar al régimen liberal era contando con la intervención extranjera.
 
La intervención extranjera
En la Europa de los Congresos se había instaurado un nuevo orden en las relaciones internacionales, basándose en el equilibrio. Además, acordaron la creación de la Santa Alianza para impedir cualquier ruptura revolucionaria. Es por eso por lo que la ruptura del absolutismo en España se había convertido en algo muy incómodo para todo el continente.
 
Desde 1821 ya se estaba intentando, mediante la contrarrevolución, el contar con ayuda exterior para acabar con el régimen liberal. Sin duda el monarca español fue quien más trató de conseguir esa ayuda europea, mediante el uso de correspondencia privada con otros monarcas europeos, especialmente con el rey francés. Si durante un largo tiempo, a pesar de las peticiones, rechazaron el envío de esa ayuda exterior para restaurar el absolutismo fue precisamente por la forma en que este se restablecería, ya que no consideraban oportuno que este se restableciera como lo había hecho en 1814.
 
Fue finalmente en el Congreso de Verona, en noviembre de 1822 fue en el que se acordó que las potencias europeas, con excepción de Gran Bretaña, realizarían una invasión armada a España, para acabar con el constitucionalismo español. Esas tropas invasoras serían francesas, conocidas bajo el nombre de “Los Cien Mil Hijos de San Luis”, bajo el mando del Duque de Angulema, quienes iniciarían su misión el 7 de abril del año 1823.
 
Se inició la propaganda por parte del bando de los patrióticos, alegando que esta invasión de tropas era como la invasión de Napoleón, e intentaron evocar al espíritu de mayo de 1808. Pero esta vez las tropas francesas no cometieron los mismos errores, guardando especial cuidado en el abastecimiento, además de contar con la ayuda de las partidas guerrilleras. Esta incursión coincidió, además, con una crisis política interna. Las tropas francesas fueron avanzando hacia la capital, mientras que las Cortes iniciaron el mismo periplo que durante la Guerra de Independencia, yendo primero a Sevilla y posteriormente a Cádiz. El Rey se opuso a su traslado a Cádiz y fue cuando se nombró una Regencia, alegando enajenación del monarca, pero ya había muy pocas zonas que apoyasen el régimen liberal.
 
El Rey desembarcó en el Puerto de Santa María el 1 de Octubre, haciéndolo como rey absoluto, y finalizando así la experiencia liberal, aunque desde hacía ya muchos meses que se había puesto en marcha la Restauración absolutista por el país, con la excepción de esos últimos núcleos de resistencia.

Tema 2. España en el Congreso de Viena

El periodo de tiempo que hay entre el 4 de mayo de 1814 y el 8 de marzo de 1820 se le conoce como Sexenio Absolutista, porque se restablece íntegramente el modelo del Antiguo Régimen, con todas las piezas que lo formaban, es decir, el aparato político, institucional y administrativo del Estado absoluto.
 
El 4 de mayo de 1814 se promulgó un real decreto, mediante el cual se anulaba, como si no hubiera existido jamás ni en tiempo alguno, la obra de las Cortes de Cádiz, con lo que supuso la vuelta al régimen absoluto. Por el contrario, el 8 de marzo de 1820, mediante un pronunciamiento, se recuperaba el modelo diseñado en Cádiz. En ese escaso margen de tiempo, se produjeron numerosos cambios que propiciaron la recuperación de un sistema político que fue rechazado por el monarca Fernando VII nada más llegar al país.
 
Para poder entender este cambio que se produjo en tan breve espacio de tiempo hay que entender que ambas formas eran inviables en ese momento, una porque ya se había mostrado ineficaz en el periodo anterior, y en este periodo se mostrará el quebrar del sistema monárquico absolutista, y la otra, la de la Constitución, porque en ese momento aún no se encontraba acabado, además de porque le faltaban grandes apoyos.
 
La vuelta al Antiguo Régimen no fue algo propio de España, ya que se produjo en toda Europa. Sin embargo la que tuvo lugar aquí fue la restauración y la represión más radical de todas cuantas tuvieron lugar en ese momento. Y es que en España, que había criado muchos de los principios revolucionarios, siempre a través de la obra de Cádiz o de José I, nunca por parte de Fernando VII, se abandonaron todos esos principios, incluso los que eran mínimamente reformistas. Esto se explica porque la vuelta de Fernando VII era no solo la vuelta a 1808, sino que también suponía la vuelta de todos los personajes que habían provocado la crisis anterior a la Guerra de Independencia, una crisis política e institucional de la monarquía absoluta.
 
Pero ahora además no solo había una amenaza por parte del reformismo ilustrado, sino también de la revolución, la cual había hecho temblar los cimientos políticos y sociales del Antiguo Régimen. Fue por eso por lo que la Restauración se encargó de anular cualquier posible resto que quedase del periodo gaditano.
 
El inmovilismo que se produjo a raíz de la Restauración quedó agotado en tan sólo seis años, puesto que todas las formulas usadas para detener la crisis eran las mismas usadas antes de 1808 y que ya habían mostrado su ineficacia. Este sistema provocaba inmovilismo político, institucional y jurídico, algo que sí tenía la obra de Cádiz y que no podía ser borrado de golpe y plumazo. Esto concluirá con el derrocamiento, por agotamiento, de este Antiguo Régimen, más por su debilidad que por la fortaleza del sistema liberal.
 
El hundimiento de este sistema trae consigo además el hundimiento del Estado transoceánico como parte de la monarquía borbónica. No solo supondrá la independencia de las colonias americanas, sino que supone la desintegración del Antiguo Régimen, puesto que este problema colonial formaba parte de la propia crisis del sistema absoluto.
 
Los Congresos europeos
Una vez que habían sido vencidos los ejércitos de Napoleón, Europa se reajustó territorial y políticamente. Esto se hizo a través de varios congresos; la Paz de París en m ayo de 1814, el Congreso de Viena, en noviembre de ese mismo año, y con la segunda Paz de París, tras Waterloo, en noviembre de 1815. En esos congresos se reunieron las cuatro potencias europeas, Gran Bretaña, Francia, Rusia y Prusia, y como resultado de estos, Francia restauraba las fronteras que tenía anteriormente a 1792 y se imponía una nueva teoría política, la del equilibrio y también al derecho de intervensionismo en las relaciones internacionales, siempre que surgieran focos revolucionarios que amenazasen de nuevo el absolutismo. La política de estos congresos deparó el nacimiento de la Santa Alianza en septiembre de 1815, un modelo de intervencionismo al que se sumaría España junto a estas potencias, con la excepción de Gran Bretaña. Pero España, aunque se incorporó a esa Santa Alianza, se había quedado fuera de las negociaciones en los congresos, demostrando que no tenían peso político en la nueva Europa, y que habían pasado a ser una potencia de segundo nivel.
 
En ese aspecto, la vuelta al absolutismo en España, estaba en consonancia con Europa, pero no así la radicalidad con la que lo restauró. Es por eso por lo que Europa se volvió a alarmar cuando surgió el liberalismo en 1820, y sobre todo, con la fragilidad con la que cayó el régimen absolutista recientemente instaurado.

Tema 1. Junta Suprema Central

Formación Junta Suprema Central
Fernando VII, antes de partir de Madrid hacía Bayona para responder a la llamada de Napoleón, dejó constituida una Junta Suprema de gobierno, presidida por el infante Antonio. Esta junta asumía la representación del monarca en ausencia del mismo del país. Desde un primer momento, coincidiendo con la salida del presidente de la misma hacia Bayona, demostró su inoperancia y se vio desbordada por el conflicto que acaba de estallar en el país.
 
Nada más conocer que el país se había sublevado, Napoleón emite dos decretos, uno dirigido a la Junta de Gobierno y el otro al Consejo Real, en el que encarga a este último la convocatoria de Cortes mediante el sistema de Antiguo Régimen. Pero ambos decretos emitidos fueron silenciados por la Junta, la cual carecía de presidente, por la salida de este del país. La Junta de gobierno queda descalificada, puesto que habían lanzado mensajes de colaboración con los franceses el mismo 2 de Mayo. La situación era preocupante, puesto que las instituciones del Antiguo Régimen no tenían flexibilidad ni agilidad, se habían colapsado.
 
Las elites del país, en esta situación, o se orientan hacia Bayona, o bien la actividad la orientan hacia las Juntas. Durante ese mes de mayo, se van formando juntas de organización popular, para dar forma a la insurrección. Surgen de forma espontánea y no todas tenían base histórica en las estructuras tradicionales del poder local, aunque en la mayoría de ellas, fueron quienes se pusieron al frente. Fueron estas el embrión de la revolución liberal.
 
Queda de esta forma dirigido el país por pequeñas estructuras, que necesitaban de coordinación en sus operaciones, por lo que surge la idea de crear unas Juntas Supremas Provinciales, especialmente para armamento y gobierno. En total existirán 18 Juntas provinciales, en todos aquellos lugares que la guerra pudo permitir su formación. Al frente de las mismas se situó gente relacionada con la estructura de poder anterior. En los manifiestos de estas juntas ya comienzan a aparecer cuestiones de matiz liberal, comienza a haber una concepción del poder desde la base hasta la punta del mismo. Durante todo el verano de 1808 las diferentes juntas fueron insistiendo en la necesidad de crear un gobierno común para todo el país, por lo que el 25 de septiembre del mismo año quedó constituida definitivamente en Aranjuez la Junta Suprema Central.

Junta Suprema Central Gubernativa del Reino
Con esta Junta Central se comienzan a ordenar los poderes. Estuvo presidida por Floridablanca hasta su muerte, a finales de año, y el objetivo era mantener una estructura de gobierno y la dirección de la guerra. Hubo discrepancias sobre su legitimidad, ya que no se sabía si el poder era soberano o si por el contrario procedía fruto del secuestro del rey, y querían resolver una convocatoria a Cortes. Dentro de la propia Junta había varios grupos; un grupo era contrario a la convocatoria de Cortes y decía que la Junta era como un Consejo de Regencia; otro grupo, liderado por Jovellanos, hablaba de la supremacía de la nación en una situación límite como era el secuestro del Rey. El último grupo era el sector más liberal, con una idea de soberanía nacional como principio constructor de apertura de un proceso constituyente.
 
Por lo tanto, la formación de la Junta tenía una pretensión centralizadota en la dirección de la guerra, y la apertura de un debate con idea de realizar una convocatoria de unas Cortes, aunque durante algún tiempo se olvidaría este último tema.
 
El Estado josefino que éste estaba construyendo influyó claramente en las decisiones que tomó la Junta Central y en las instituciones del país que se resistía a unirse al invasor francés. El proyecto de Napoleón, con el Estatuto de Bayona, simplemente planeaba acabar con el Antiguo Régimen.
 
La Junta trató de organizar la Administración del Estado y la dirección política, con la antigua estructura de Secretarías de Despacho: Estado, Guerra, Hacienda, Gracia y Justicia, y Marina. La Junta estaba compuesta por un presidente y 35 miembros, representantes de juntas provinciales. Ante la amenaza francesa, dicha Junta debió de trasladarse a Sevilla y posteriormente a Cádiz a comienzos de 1810.
 
La cuestión principal que trató de trabajar la Junta fue la convocatoria de Cortes, y para esa convocatoria existe un pulso entre los favorables a Jovellanos y los liberales, pulso del que finalmente salen victoriosos los últimos. Hasta el momento en que se disuelve la Junta, se suceden los modelos de debate de cómo deberían ser convocadas las Cortes, pero no se llega a ningún acuerdo. Finalmente, ante el desprestigio que está acumulando, se disuelve el 29 de enero de 1810.
 
Por decreto se creaba una Regencia ante esta disolución. Para la convocatoria a esas Cortes, la Junta quería convocarla por estamentos, con un modelo bicameral, una iniciativa legislativa, una subordinación de la Regencia y una Diputación de Cortes que fijara el principio de su continuidad.
 
Pero la Regencia obstaculizó este proceso que quería la Junta y se mostró reticente al respecto. Se alejó de la idea de soberanía nacional y fueron el puente para las Cortes de Cádiz. Aunque la Junta no había resuelto el tema de la convocatoria de esas Cortes, los diputados comenzaron a llegar a Cádiz. Aunque teóricamente iban a ser convocados por separado nobleza y clero, pero había una gran dificultad y finalmente ni se los convocó, porque la opinión liberal de la calle se estaba imponiendo.
 
La Regencia fijó para agosto la reunión de esas Cortes, y para representarlas, bastaba con ser ciudadano, simplemente. Se optó por el 19 de agosto y que fueran las propias Cortes las que tomaran la decisión sobre su naturaleza. La apertura de las mismas fue fijada para el 24 de septiembre, y las discusiones no tendrían un proyecto de constitución preliminar. Era la hora de la revolución liberal, que sería puesta en marcha por unas Cortes Constituyentes.